SIN PUNZANTE ACRITUD..

                                                                                              29 Dic '16

 Redimidos seamos los cariacontecidos cronistas, en estos taimados días inciertos.
 Se va por la gatera dos mil dieciséis, ese sibilino decurso, quién sabe si orgulloso, verecundo o quizá hastiado de su intrincado, o no, balance de réditos.
 Su congénere que asoma ya por la esquina sabrá -o no- qué juego de faces, envites y acometidas deparará desde casi ya mismo sobre esta inverosímil y aberrante jaula de grillos.
 Por allí nos veremos... 


RADICAL VASCO

                                                                            6 Dic '16

A principios de la década de los 80, el País Vasco estaba convirtiéndose en un hervidero social de difícil contención. Al azote brutal del terrorismo en esa época, lo que fue bautizado posteriormente como los "años de plomo", se añadía una efervescencia callejera en muchas localidades que apenas contaba con precedentes registrados. Agitación, protestas de múltiples frentes, encapuchados, incendios urbanos, barricadas, cócteles molotov, "kale borroka" por doquier, enfrentamientos cotidianos con fuerzas del orden. Era el escenario habitual con que topaba día sí y el otro también el españolito de turno que conectaba el Telediario de la única cadena de televisión existente.
 Realmente, cabe apelar al dicho "habría que haber vivido allí" para tener opciones consistentes de comprender quizá los resortes básicos que se constituían en el engranaje de toda aquella rueda implacable, de todo aquel carrusel ingente y desbocado.
 Pero yo vengo aquí a hablar de música. De la música contundente que nació en aquel escenario tan peculiar. De los artífices y los acordes que parecían maridar milimétricamente con todo ese tinglado social, político y vivencial que nadie veía cómo sosegar o aplacar, allí. De lo que acabó llamándose nada menos que Rock Radical Vasco.
 No muchos años después, hacia el verano del '86, unos cuantos pendejos de diecisiete años lo flipábamos en las noches del bar Roldán de Sabi, en plenas fiestas del patrón Santiago, con las canciones de ritmo ska desaforado del grupo Kortatu, creado por los irundarras hermanos Muguruza hacia el '84. Algo desconocido, nuevo; guitarras descerrajando a tumba abierta lo que parecían ecos salvajes de aquellos días viscerales en Euskadi. Allí nos volvíamos medio locos también nosotros entre las birras y las notas aguerridas del Sarri Sarri, el Sandinista, la revuelta del frenopático, y todo aquel percal. Con aquellas letras contundentes, repartidas entre el castellano y el euskera, a las que tampoco nos era muy necesario atender con detenimiento. Simplemente nos parecía algo capaz de colocar en inmediata efervescencia hasta la última de nuestras células del tuétano...



 Casi acto seguido, ya instalado en Madrid para los estudios, di en el Rastro con una de esas cintas piratas que vendían por doscientas pelas en algún puesto, con fotocopia en blanco y negro de la carátula original, de -atención al nombre del combo- La Polla Records. La banda alavesa de Salvatierra creada por el vocalista super punk Evaristo Páramos, aunque éste portaba origen gallego. Lo más punk de entre lo punk, los Sex Pistols vascos generosos en revoluciones, la irreverencia musical más desaforada que se podía enarbolar por entonces. Lo cierto es que yo me lo pasaba como un enano voceando sus letras desgarradas (el manido "no future" en diversas pero complementarias propuestas); las calles, los maderos, la opresión, el capitalismo fascista, las expectativas inviolablemente truncadas. Allí, con un radio-cassette gris que lo soportaba todo, el tío, en el salón de casa de mi abuela, en cuanto tenía dos cuartos de hora tras desertar de los farragosos apuntes de la facultad...


 De Santurce eran los Eskorbuto (...lo cierto es que los nombrecitos de las bandas ya eran tela marinera), el grupo de punk en castellano de Iosu Expósito y Juanma Suárez, ambos fallecidos a principios de la década siguiente como consecuencia de sus adicciones a la letal droga parenteral. De amplia creatividad pese al estado de salud con que batallaban frecuentemente sus dos principales miembros, dejaron el legado de un buen puñado de himnos electrizantes que la parroquia enfervorizada coreaba al unísono en sus conciertos en pequeñas salas y antros.
 Aparte estos nombres referentes, quedó como hito en el recuerdo el llamado "disco de los cuatro", que los Kortatu grabaron conjuntamente con Cicatriz (otra importante banda del "gremio" radical), Jotakie y Kontuz Hi, bajo el sello Soñúa. Y más nombres; RIP, Hertzainak (fundamentales también, estos dos); los pioneros Zarama; Subversión X, MCD...
 No a todos ellos les agradaba incondicionalmente lo de la etiqueta "rock radical vasco"; había quienes reivindicaban su fondo de independencia musical y de personalidad creativa propia, sin necesidad de marcas ni banderas. Pero no es menos cierto que las afinidades colectivas resultaban flagrantes.



 En definitiva, que hasta que llegaron más tarde los Duncan Dhu, los Van Gogh con su oreja y los Alex Ubago por aquellos lares, quienes empezábamos a afeitarnos y sobrenadar en hormonas en aquellos anteriores años irrepetibles pudimos zambullirnos con grata perplejidad inicial -y subsiguiente deleite incuestionable- en aquel turbulento mar de acordes desaforados provenientes de esas tres agitadas provincias del norte; acordes y mensajes que no volvieron a contar con un relevo de tamaña y volcánica revelación.





UNA VIDA

                                                                          30 Nov 16


 Los actos certeros justifican una vida. La comparecencia, aceptablemente regular, de experiencias adecuadas y satisfactorias justifican una vida.
 Una vida no es para "apechugar" obligatoriamente, o centrar la mayor parte de los esfuerzos en salvaguardarla. Una vida es para interpretarla, leerla lo mejor posible, y al mismo tiempo escribirla con las más correctas sintaxis y ortografía. Y exposición, por supuesto. Una exitosa combinación de fondo y de forma.
 Una vida satisfactoria se nutre de actos y experiencias acertadas.
 Una vida insuficiente puede oscilar entre la falta de valor (para adoptar las decisiones pertinentes) y la simple mala fortuna.
 Una vida patética es el resultado de la sucesión de acontecimientos inapropiados, erróneos, surrealistas o incluso injustos.
 Una vida indecente se compone de actitudes pérfidas, insidiosas y vergonzantes.
 Una vida... es un misterio insondable. Es, posiblemente, el más embaucador de los escenarios imaginables, o, quizás, la más esperpéntica trampa en que puede verse envuelto un individuo cualquiera.


EL PROYECTO ES TODO

                                                                                              5 Nov '16


 Sí, el proyecto es la clave, aquí.
 El hallazgo del mismo, sus idóneos enfoque y visualización. Y, por ende, su implantación, la zambullida pronta e impetuosa en él.
 El proyecto acertado es el TRABAJO aquí, la gran y auténtica tarea, la bendición por encima de casi cualquier otra posible. No hay mayor privilegiado en esta vida que aquél que, sin ser aún lo demasiado tarde, topa de bruces con esa realidad ocupacional que ha de constituirse en su ilusión, su cometido incuestionable, su real campo de batalla en este tapiz mundanal al que, uno tras otro, somos inopinada y taxativamente impelidos a comparecer, debatirnos y progresar cual más atinadamente seamos capaces.
 En tanto no sea así, opino que el verdadero "trabajo" (ese ambiguo concepto) no es otro que precisamente porfiar en la pesquisa y búsqueda de ese anhelado proyecto o razón vital.
 Sin proyecto naturalmente admisible -razonable, consistente, clarificador-, el sentido individual como parte integrante de este desmadre existencial se desvanece inexorablemente, como los granos de arena se escabullen por los huecos entre los dedos. Refiriéndome en este punto, claro está, a todo aquél o aquélla dotado de unos mínimos de contenido, espíritu e integridad. Que, lamentablemente y de paso sea dicho, témome no se me antoja la opción mayoritaria...


LO OTRO, Y LO UNO

                                                            25 Oct 16


No me interesa la supervivencia; me interesa la VIVENCIA.
 Lo primero implica sumisión, servilismo a esta experiencia obligatoria que llamamos vida. Ella manda, dispone, perpetra y decide, y al parecer esperaría que el usuario de turno baje la cabeza y acepte sus designios con infundio totalitario, con concluyente resignación.
 No; yo no.
 Me interesa la vivencia. La vivencia puede dotar de sentido a esta inopinada presencia en el medio, en esta cárcel dorada, en este sustrato insustituible -e insoslayable. En este planeta maravilloso y fascinante pero bajo el que debemos progresar sometidos a los dictámenes inherentes a la realidad de nuestra no escogida especie y condición.
 La supervivencia puede implicar súplica, rastrerismo, casi indignidad. No la quiero. Sólo la acataré, en su caso, en los instantes más imperativos: quizás en la enfermedad, en el accidente. Cuando me esté despeñando por un barranco. Cuando me esté atacando un animal salvaje, incluso de dos extremidades inferiores. Cuando los elementos de la naturaleza puedan confabularse puntualmente en mi contra. Mientras no sea así, quiero escuchar poco acerca de sobrevivir.
 Quiero vivir; eso es otra cosa. Vivir es el ejercicio, la tarea, la búsqueda, el posible hallazgo, el rol. La puesta en escena del papel cuya interpretación se pretende y anhela.
 Lo otro, como punto de partida, creo sinceramente que son pendejadas de pusilánimes. Es como construir un castillo de naipes de un metro y medio de altura para acto seguido ponerse a sufrir por si una corriente de aire lo echa por tierra. Menudo plan.


RUEDO, SOL Y SANGRE SEMPITERNA

                           
                                                                  11 Oct '16



 Creo que puedo afirmar con suficiente rotundidad que nunca se me leerá en una red social clamando contra el oficio de los toreros, ni muchísimo menos mostrando un regocijo cobarde con ocasión de un descalabro de menor o mayor gravedad acaecido a uno de ellos dentro de una plaza taurina. Soy, aparte ello, poco de redes sociales, en general.
 No soy ni fui nunca aficionado a la tauromaquia, e imagino que jamás llegaré a serlo. No me llamó nunca la atención, no llegó a captar mi interés. Incluso, como a muchos otros, me chirría un tanto eso de otorgarle el pomposo título de -nada menos que- "fiesta nacional".
 Ahora bien, sí he podido fraguarme una serie de reflexiones de suficiente inmediatez al respecto de tal... arte, en el caso de que en cierto modo pueda calificarse así a este, llamémosle por ejemplo, al menos ahora, "oficio".
 Total, que tenemos una superficie redonda, de esos aproximadamente cincuenta o sesenta metros de diámetro  -calculo yo-, cubierta de arena, y en derredor un graderío repleto de parroquianos lo bastante afines al espectáculo... o al "oficio". Y ahí en medio comparecen, por un lado, un señor, ataviado con unas galas un tanto rimbombantes, llamativas, y por otro un animal herbívoro cuyo peso corporal puede, quizás, sextuplicar al de aquél.
 El componente humano de este binomio, el "artista" (..u oficiante), sabe de sobras lo que se trae entre manos, ahí. No en vano, lleva años preparándose para la tarea, para el oficio. Desde que descubrió su vocación, se ha sometido a horas, días y años de entrenamiento, de práctica concienzuda encaminada a ese momento, para él glorioso, suponemos, de enfrentar en la plaza llena a su "enemigo" astado.
 El otro, éste último, el animal... no tiene ni la más pajarera idea de cuan le espera desde el momento mismo en que se le abre el chiquero para acudir raudo y perplejo a ese ruedo abarrotado... de congéneres de la parte de la dupla opuesta a la que representa él.
 El animal, fuerte, bravo, precioso, ...y perplejo, como decíamos, hace gala de unos prominentes, llamativos ornamentos naturales sobre lo alto de su testuz. Un par de cuernos imponentes, afilados, largos y, ante todo, temibles, desde luego. Una magnífica defensa; en su caso una portentosa opción de ataque..., de procedencia natural, insisto de nuevo.
 El humano, el oficiante, no sólo aporta su experiencia y su bagaje extenso de adiestramiento para esta curiosa cita; cuenta, además, con la gracia de la posesión de unas armas artificiales y poderosas con que hacer frente al formidable "rival" que no ha pedido, por cierto, vérselas en tales lides. El oficiante sí sabe perfectamente que esa lid llegará, una vez más, una tarde más. Que la afrontará en un ruedo más ante ese nuevo contrincante de turno que, como el anterior, como tantísimos otros anteriores, carecía de toda noción acerca de la suerte que le esperaba esa tarde, en ese ruedo. No busco un chiste malo o fácil con lo del término "suerte", aquí.
 El humano, el oficiante, sabe que cuenta con más de un noventa y nueve-coma-mucho de posibilidades de resultar el vencedor, una vez más. De dar muerte a su contrincante. Porque resulta que el entretenimiento es a muerte. O tú o yo. Yo vengo generosamente entrenado y altamente consciente. Las estadísticas están abrumadoramente de mi lado. Tú, en cambio, no tienes ni puta idea de la que te espera aquí. No tienes el raciocinio o la potestad que quizá te hubiese podido dotar de la decisión de aceptar o no este envite. Siquiera, en todo caso, de haberte preparado para él en una medida similar a la que yo sí vengo heciéndolo, desde hace tanto tiempo.
 Hay quienes afirman que al toro se le cría exclusivamente para ello, para esto. Perdonen que me descojone. ¿Acaso lo decide él, esto..? ¿Estaría él de acuerdo..? ¿Se ha parado alguien un momento a imaginar que una hipotética especie, superiores sus miembros a nosotros en inteligencia y medios al efecto, decidieran por nosotros el "criarnos" para combatir a muerte desigual contra ellos, sin previo aviso posible, sin el entrenamiento de que ellos sí hacen acopio..?
 No sé qué pensar cada vez que escucho a un torero afirmar que ama al toro. Hoy mismo he escuchado a uno llamado Rivera decir que ojalá los antitaurinos pudieran llegar a sentir por los toreros una fracción del respeto que éstos sienten por el toro. La verdad, no soy capaz de evitar la tentación de barajar la hipótesis de que ese señor se esté descojonando clamorosamente en mi cara. Y en la de tantos otros, a la par.
 Pese a todo, reitero: no he sido ni seré capaz de alegrarme, y mucho menos de manifestarlo cobardemente en plataformas de uso colectivo, en alguna de las escasas ocasiones en que un torero sufra un percance importante o irremediable ante las astas de un toro. No soy "animalista", como tal, ni en consecuencia se me verá en actos de los que protagonizan estos individuos.
 Pero eso sí, la llamada "fiesta"... me parece un invento anacrónico, desigual, y en consecuencia injusto.


LA JOVEN QUE NO DEBIO, AQUELLA MADRUGADA, MORIR...

                                                                                                             13 Sep '16



 Evangelina Sobredo, 'Eva' para los allegados y posteriormente "Cecilia" como identidad artística, pisó España casi por primera vez en su adolescencia avanzada. Hija de un dinámico diplomático, su infancia había transcurrido entre diversas naciones de Europa, Norteamérica y Oriente Medio.
 De hecho, cuando la familia regresó a Madrid en aquellos años '60, la futura cantautora se expresaba más fluidamente en inglés que en castellano, su teórica lengua materna como hija de padre y madre españoles que era.
 Rápidamente, su vocación musical iría entroncando con el despliegue de unas facetas de personalidad algo impropias para la época en una España rancia, que estrenaba por fin ciertos atisbos de bonanza tras tres decenios de designio franquista. Los corsés del conservadurismo social imperante no eran el marco favorito para una joven con tanto mundo en su bagage, y que pronto dejaría bien a las claras sus guiños a coyunturas como la liberación cultural femenina, la igualdad respecto a los hombres o la soltería.
 Su carrera musical puede calificarse de meteórica. Un par de discos de estudio en la primera mitad de los años ´70 la catapultaron al estrellato, revelando al país el talento abrumador e iconoclasta de su joven poderío cantautor.
 La noche del 1 de agosto de 1.976 la sala Nova Olimpia de Vigo rebosó su aforo para asistir a una apoteósica actuación en vivo de Cecilia. Hacia las tres de la madrugada, tras el concierto, la cantante, en compañía de tres de sus músicos, y presa, todos ellos, de una buena dosis de agotamiento, puso rumbo de regreso a Madrid en un Seat 124. A las diez de la mañana siguiente debía personarse en las oficinas de la discográfica para despachar asuntos relacionados con su siguiente disco, todavía en ciernes. Esa fue la razón de no quedarse a pernoctar en Vigo, cual hubiese reclamado la más consistente lógica.
 Algo antes de las seis, tras unas tres horas de trayecto, aún sin despuntar la luz de aquel dos de agosto, el vehículo atravesaba raudo la aldea zamorana de Colinas de Trasmonte, que se desparramaba a ambos lados de la carretera nacional. La iluminación del lugar era prácticamente nula, y la velocidad del 124, al parecer, alta. Una carreta tirada por bueyes y dirigida por un matrimonio mayor de la localidad apareció repentinamente doblando una bocacalle. El impacto resultó tan inevitable como brutal. Cecilia, que dormía en el asiento del copiloto, falleció en el acto, así como el batería de su grupo, Carlos de la Iglesia, que viajaba en el asiento posterior. Los otros dos ocupantes sufrieron heridas de diversa consideración, así como el matrimonio que iba a los mandos de la carreta.
 La noticia de la muerte de la cantautora causó un hondo impacto en la sociedad española, dada la enorme popularidad e insólito carisma que atesoraba la joven. Apenas nueve meses atrás había sido la representante nacional en el, por entonces, importante Festival de la Canción de la OTI.
 Contaba veintisiete años, como Jim, como Janis, como Jimmy; como posteriormente Kurt y Amy. El nefando Club de los 27, que, respecto de cada uno de sus miembros, dejaba el lacónico interrogante de qué dimensión artística hubieran podido alcanzar si no se hubiesen despedido tan prematuramente.
 Cecilia fue... un ser especial. Transcurridas cuatro décadas desde su desaparición, aún quedan sobrados y emocionantes flecos de su carismático legado.


EL CHICO QUE NO DEBIO, AQUEL DIA, MORIR...

                                                                             
                                                                                             11 Sep '16



​ ​Su inmensurable sonrisa y sus eternas gafas de pasta moldearon la imagen icónica que legó a la posteridad. Su voz indómita, casi increíble, y sus melodías frescas, forzosamente imperecederas, le transportaron directamente al mito. Mito inyectado de rabiosa y malograda juventud.
 El frío glacial de aquel 3 de febrero de 1.959 en Clear Lake, Iowa, donde acababa de ofrecer su última actuación, le decidió a barajar contactos que le proveyesen de un medio aéreo para alcanzar Minnesota, su siguiente destino. La idea era rehusar los servicios de un desvencijado bus con la calefacción averiada, previsto para la gira que iniciaba con sus músicos en mitad de aquel implacable invierno por el noroeste del país.
Compareció una Beechcraft Bonanza, avioneta monomotor, de sólo cuatro plazas; a los mandos, un inexperto piloto de veintiún años.
 Buddy, de veintidós, no murió solo. Dos de sus músicos habían cedido a última hora sus asientos a Ritchie Valens -el de 'La Bamba', que aún no había cumplido los dieciocho-, y The Big Bopper. Ambos compartían gira y escenario con Holly y sus chicos.
 La avioneta se estrelló apenas iniciado el despegue. "El día que la música murió" reclamó así su funesta ubicación en los anales de la historia del rock, tan incipiente y puro en aquellos días.
 Hay quien afirma que un púber Don McLean presenció compungido la escena del accidente. Doce años después, en 1.971, su "American Pie" refrendó para siempre un homenaje a la figura inmortal del gran Buddy Holly, ese chico que no debió morir tan pronto, con tanto aún por crear y regalar.
 Más de medio siglo después, me emocionan sus canciones, me llevan a imaginar qué ulteriores entregas hubiesen sucedido a "Oh, Boy", "Maybe Baby", "Everyday" o "It's So Easy"...




DESDÉN

                                                                             28 Ago '16

 Se apodera de mí​ el esceptismo, en estos días tan inciertos como casi todos, como casi todos los días transcurridos. 
 Hace presa de mí la displicencia, el ramplón desdén que reflejo y emito tras su habitual e inopinada recepción, constante, insolente, consuetudinaria.
 Me paso casi todo por el forro de los cascarones, en consecuencia burda e inevitable.
 No me creo nada de todo este jaleo obligatorio. No hallo resquicios oportunos, salvoconductos halagüeños por los que expiar tamaña certeza de vacuidad. Más allá -eso sí- del acostumbrado, el único: el de los meridianos distantes, los efluvios de trópico, los guiños de libertad.
 La paciencia y la concordia se agotan; el eclecticismo ante el arisco puño de lo impuesto se desvanece y merma lenta pero inexorablemente, como arena que cae por los huecos de la mano.
 Se apodera de mí el escepticismo, insondable y tenaz. Me invade el desdén más descarnado.
 No me creo un carajo de nada. Me paso casi todo por el forro de los cascarones.


COSTA AZUL, FIESTA NACIONAL


                                                                                              15 Jul '16

 ..Ahora, Niza. De nuevo, Francia.
 El método, eso sí, nuevo. "Tecnificado", expeditivo. Camión de buen tonelaje embistiendo a la muchedumbre en plena fiesta.
 ¿Qué quiere esta gente..? ¿Qué buscan con toda esta demenciada vorágine..?
 Se les acoge, se les permite que busquen acomodo aquí y dispongan de considerables opciones de vida digna. Se les facilitan servicios sociales, frecuentemente gratuitos, y modos de integración. A lo primero suelen decir que sí; lo segundo ya es otra cosa.
 Se les permite que practiquen libremente su religión, sus costumbres; que no se desapeguen de su cultura.
 Responden a toda esta hospitalidad con su odio más descarnado. Nos quieren matar, nos quieren destruir en nuestra propia casa, que sin duda es mucho más nuestra que suya, por mucho que flipen con sus peculiares neuras al respecto.
 Cada vez más, cada minuto más, este mundo parece un emplazamiento más rocambolesco, surrealista y abismal.
 Se antoja arduo aventurar el sesgo de próximos aconteceres sobre semejante tapete pseudoexistencial.


EN MITAD DE LA CATERVA

                                                                                                 3 Jul '16


 La caterva es calamitosa. Es la pérfida inmundicia que mancilla y emponzoña intolerablemente nuestra especie.
 Es una puta vergüenza.
 Es una burla exorbitada de la consciente o inopinada autoría de todo este jolgorio, de todo este esperpento.
 Si fuere posible aplicar el bisturí, la tarea devendría denodada e inmensurable, si bien, a la par, ilusionante y feliz.
 Cabría, en análogas cábalas, la conjetura de una división en dos de este sustrato o escenario común: una parte para ellos, la otra para nosotros.
 Fuera, ahí, al carajo. Todos bien al carajo.
 Y a tomar por culo.
 Y nosotros, contentos por fin.
 Bisturí, división o exterminio; lástima de quimeras que no debieran de serlo tanto.


SEMPITERNO CONATO DE MAGNA SIMBIOSIS



                                                                                        7 Jun '16


 La terquedad ha jalonado el recorrido. Ha dictado su corolario, y con determinación de guerrero espartano ha mantenido el pulso firme sin dar su brazo a torcer.
 Lustros, décadas ya en un estado de cosas patente, acogotador, inflexible y tenaz.
 El escenario, en consecuencia, ha venido mostrando su más torva y escabrosa faz ante la que el inopinado personaje ha debido representar, año a año, mes a mes, minuto a minuto, sus deshilachadas escenas, sus actos deslavazados y surreales ante el habitual desdén del elenco circundante. Fatuo desdén, insolente menoscabo como picante sazón en la omnipresente salsa de la ignorancia arrogante, obscena.
 De tal modo que las peripecias prosiguen, ahí, bajo las bambalinas. Nunca se sabe cuándo se atisbará la inevitable caída del telón. La obra rueda, en su enajenada y sempiterna abstracción.  El caótico y babeliano guión imbrica sus permanentes vicisitudes en su despreocupado curso, siempre imbuido bajo el sarcasmo incuestionable de tan frenética improvisación.
 Y nuestro personaje bucea en tamaño desbarajuste en pos de sus preciadas briznas de fundamento, en permanente condena de acecho de esos sutiles indicios de supuesto fulgor. Del rastro de sus idolatradas circunstancias, de su auténtico campo de batalla que dote de real sentido a tan enconada pulsión existencial.
 Desconoce si existirá, todo ello, o lo duda, desde luego, ya en pleno transcurso por su madurez.
 Pero no le queda otra. Es su oficio, es su sino insoslayable.
 La magna simbiosis aguarda, esquiva y sugerente, quizá a la vuelta del próximo recodo, quizá más allá, en pérfida y remota lontananza.
 La magna simbiosis aguarda...

ESOS GEMELOS ARROGANTES...

 
                                                                                20 May '16

 Son prácticamente idénticos. Sí, como casi todos los gemelos.
 A estos dos, cual viene siendo patente, les encanta figurar, comparecer y constar bien, ahí, siempre en primera plana, continuamente en todo lo alto.
 No podrían haber escogido una ubicación más discreta, menos alevosa. No, para qué. No podían haber optado por las posaderas, por los codos, por un trozo de espalda, qué sé yo, hasta por las palmas o reveses de las manos. Ná, para qué, si pueden exhibirse ahí, sempiternamente, en la fachada principal, solazándose en su simetría apabullante.
 Menuda "jeta" tienen...
 El paso del tiempo, la edad, ha parecido conllevar una cierta merma de su jactancia, de su insaciable afán de protagonismo. Pero, con frecuencia, ello es sólo un ligero atisbo de intenciones, una endeble cortinilla de humo. Se resisten, en realidad, a ceder terreno en cuantía claramente perceptible.
 En cambio, en ocasiones concretas, son capaces de exacerbar su poderío, durante algunos instantes, marcando al unísono con más ahínco el territorio. Sacudidos y excitados por algún evento exterior, presuntamente incisivo o turbador, se sienten impelidos a crecer, a emerger de modo fulgurante, exhibiendo pavoneo, enseñoreándose en esos segundos de gloria que, cierto es, con el transcurso de los años cada vez han ido teniendo lugar a lapsos más espaciados.
 En definitiva, siguen ahí, aguantando el tipo con tosca gallardía y resistiéndose, como felino panza arriba, a dejar de aferrarse al clavo ardiendo que con tamaño tesón veneran.
 Menuda "jeta" tienen, esos dos...


"PAÍS..."

                                                                                         22 Abr '16


 Hace escasas jornadas, con motivo del terremoto que ha asolado varias regiones geográficas de Ecuador, y, a la par, ocasionado centenares de víctimas humanas, pudimos ver en una de las transmisiones televisivas de los informativos al presidente de la nación latinoamericana, Rafael Correa, dirigiéndose a su pueblo, horas después de la tragedia, más o menos en estos términos: "...con la fe y la unión de todos sacaremos esto adelante, patria querida...".
 "Patria querida"... Me quedé con este retal de frase, de modo tan consciente como subliminal. Es evidente que se trataba de una situación de máxima emotividad, tras semejante desgracia, pero aún así no logré evitar una extrapolación a nuestra realidad españolita.
 Si aquí un político se dirige a la nación utilizando esa frase, "patria querida", en cualquier circunstancia imaginable (tanto de catástrofe, como en Ecuador, como de fervor positivo), creo que le hubiera caído, automática y llanamente, "la del pulpo".
 Si aquí cualquier persona utiliza tal expresión en un contexto o momento equis, el que fuere, faltarían décimas de segundo para que le lloviese escabrosamente la tunda de epítetos imaginables por todos: "¡facha!", "¡fascista"!, "¡nazi!", y de ahí, seguramente, y de modo consecuente, a "¡degenerao!", y quien sabe si hasta "¡psicópata!", o algo afín...
 "Facha"... Curiosa palabrita ésta, usada muy alegremente por muchos sin, cual es frecuente por estos pagos carpetovetónicos, reparar mínimamente en su enjundia o significado.
 "Facha" es una especie de diminutivo del término "fascista". "Fascista" procede de 'fascismo', que es el nombre bajo el que se conoció a la doctrina y movimiento impulsado por Benito Mussolini en la Italia de entreguerras. Es decir, la reivindicación y puesta en escena de un proyecto corporativista estatal, mediante un totalitarismo en aras de un nacionalismo a ultranza por encima de toda propuesta sociopolítica de índole particular, incluso por encima de una necesaria ubicación extremista tanto de derecha como de izquierda política.
 Todos sabemos que los dos regímenes europeos más afines al fascismo italiano de la época fueron el del nacional-socialismo de Adolf Hitler en Alemania (conocido históricamente como 'nazismo'), y posteriormente la dictadura de Franco en España, una vez consumada la victoria de sus huestes en la Guerra Civil (1.936-39).
 En lo que aquí nos concierne, el manido término "facha", con el transcurrir de las décadas, ha quedado básicamente limitado en nuestro país para la designación despectiva de todo aquél a quien se atribuya nostalgia del régimen franquista, incluso ya varias décadas después de su extinción. Por otra parte, se suele aducir igualmente para referirse a quienes hacen gala de una "españolía" acusada, orgullosa o empedernida. Con lo laxo de los márgenes en tesituras de tal índole, no faltan quienes no les tiembla el pulso a la hora de destinar la palabrita de marras a cuantos manifiesten sin ambages su aceptación, conformidad o satisfacción de su condición de españoles. Estirando aún más la cuerda, se observa frecuentemente que "fachas", para muchos, son también incluso los votantes o simpatizantes del actual Partido Popular.
 Los que practicamos desde hace tiempo la muy sana y reconfortante costumbre de viajar por el mundo, solemos encontrar plausible, enternecedor, comprensible y casi siempre lógico el hecho de hallar ciudadanos y ciudadanas, allá en el país en que nos encontremos en cada caso, encantados de cantar las bonanzas, menos o más objetivas según los casos, de sus respectivas naciones. Y también, por qué no, de observarles luciendo en sus indumentarias, en cualquier ocasión propicia, los colores representativos de las mismas, en cada caso: o una banderita, o una prenda con los colores nacionales, una gorra, un cinturón, un bolso... Ya digo, nos parece simpático y completamente admisible, en especial si nos hallamos en un país alejado del continente europeo.
 Aquí, en casa, en cambio... todo ello sería prácticamente un escándalo. Imaginen a un fulano silbando por la calle las notas del himno nacional. Imaginen a un Fernández cualquiera portando por ahí una mochila, una riñonera, una bufanda con los colores de nuestra bandera... "¡...Facha!". "¡Nazi..!". "¡Degenerao..!". "¿De qué va este abrazafarolas..?"
 Aquí, parece ser que únicamente un nostálgico de los años del franquismo tendría derecho a expresar o sentir apego, amor o complacencia por su patria. De otro modo, parece que costaría un esfuerzo titánico el comprenderlo.
 A mí, que ni siento orgullo ni pesadumbre derivados del hecho de ser español (soy bien consciente de que no es más que una eventualidad involuntaria, pues bien podría haberme tocado ser armenio, paraguayo, neozelandés o keniata, por no hablar de que podría haber sido igualmente una jirafa, un guacamayo, un arenque o una paloma torcaz..), a mí, decía, lo que me da con frecuencia pena y hasta lástima es la constatación de pertenecer, según creo, al colectivo nacional más desunido que existe en la actualidad en este mundo. No logro concebir o atisbar argumentos de algún otro caso semejante.
 Me parece impresionante, casi en primer lugar, lo que se desprende de nuestra flagrante realidad política, tan, por cierto, hecha jirones en estos días: lo que para unos, reflejado en un determinado partido, es la panacea o respuesta incuestionable a que toda persona digna debiera apegarse de forma irreductible, para otros no es más que demoníaca depravación. PP o Podemos, Ciudadanos o PSOE; si cualquiera de éstos, para unos, representa la cara más indudablemente resplandeciente, para otros se trata de la más abyecta cruz. ¿Será, entonces, posible que lleguemos a ser tan diferentes unos de otros, carajo..?
 En cierta ocasión, con motivo de una comida de compañeros -españoles todos- de un, por entonces, reciente viaje aventurero por tierras africanas, escuché a una comensal comentar a su inmediata adosada en la mesa que "no se relacionaba" con votantes o seguidores del partido normalmente considerado opuesto al que se granjeaba sus simpatías. No pude evitar pensar "¿..qué hará entonces, tratar de indagar continuamente qué inclinaciones políticas presentará cada persona que vaya ingresando por sus coordenadas personales, para decidir de inmediato si podrá abrirle o, en su caso, cerrarle para siempre las puertas de su vida..?". ¿Cabría, en tal orden de cosas, concebir el escenario en que, si tenemos a un señor A y un señor B, de quienes sólo se nos diga que uno "es del" PSOE y el otro "del" PP, se pudiera afirmar rotundamente que lo más seguro es que uno de ambos sea mucho mejor o mucho peor persona que el otro..? En mi humilde caso, creo que llegaría a sentirme plenamente ridículo sólo de plantearme algo semejante...
 Hasta con el fútbol, señores: en vez de sentirnos orgullosos de tener en España a los dos mejores y más reconocidos clubs del planeta, sucede que ello es más inevitable motivo de enconados y recalcitrantes odios, intolerancias, desprecios y ridículos enfrentamientos. No hay, a todos estos respectos, más que leer los "sutiles" comentarios de los interminables videos alusivos a tales disciplinas -política y balompié- que comparecen en plataformas tan conocidas como youtube...
 Admiro, especialmente, casos como el alemán, el brasileño, el mexicano o el estadounidense. Repúblicas federales o, ciertamente, "estados unidos", es decir, agrupación de unidades que gozan de considerables grados de autonomía administrativa y política, pero cuyos respectivos habitantes van a una a la hora de sentirse un todo bajo una idiosincrasia nacional acordada e innegociable.
 Y nosotros, en tanto, a lo nuestro de siempre, aquí: a llamarnos "fachas", "rojo de mierda", "puto merengue" o "púdrete, culé". Como decía el resignado y cariacontecido narigón y gafotas de las viñetas de Forges,... "...país".
 En tanto, y eso ante todas las cosas, desear a los hermanos ecuatorianos que los cálidos deseos manifestados por su presidente se vean reflejados pronto de manera feliz, en estos días inciertos tras la dolorosa y siempre injusta desgracia acaecida.


LLAMAS EN EL PARAMO IGNIFUGO

                                                                         
                                                                                           12 Abr '16

 En ocasiones, la sangre es bombeada hacia las arterias con un fragor consistente, bajo la impronta de una pulsión estrepitosa. Golpea furiosa las paredes de los vasos, y su flujo desbocado promete aventurar plegarias de batalla.
 El abnegado, expuesto usuario propietario de la misma, se ve entonces impelido al transcurso por un sendero indómito, maldiciente, quizás apocalíptico. Pergeña, acuciado por el desasosiego, su más urgente salida a la flagrante ecuación, y conjetura su atosigante balance de réditos inminentes, escandalosos.
 Las almas vociferan su atronador silencio omnisciente. Se entregan, denodadas, al influjo de su danza más procaz, bajo el obsceno arbitrio de unos parámetros onerosos, implacables, posiblemente falaces. El tablero de ajedrez despliega entonces una encrucijada de opciones que corta el aliento al mismísimo apóstol de la eternidad.
 El sudor brota desde las sienes, generoso, casi ufano, con ínfulas de cabal protagonismo.
 El corazón, ese infatigable guerrero en permanente línea de vanguardia, vigila el resto de líneas de combate upado en una atalaya prominente pero frágil, siempre solícito al auxilio más clamoroso, a la decisión más acuciante y postrera.
 Por su parte, el cerebro, desde su puente de mando de dudoso predicamento, expande las líneas rojas del instinto más brutal, y subyace compungido al taxativo vaivén que los latidos viscerales proponen, exhiben y ejecutan impertérritos, espartanos.

 “Cada noche los cuerpos ardían en una hoguera de propósitos inciertos, inflamados de palabras, como brazos que se agitan. La seguridad ilusoria del presente se desvanecía, huyendo en relojes de cifra incomprensible. Ni casa, ni tierra.
 El viaje es un vaivén del miedo a la alegría, de la insensatez a un extraño conocimiento, ajeno, sin límites. Tan pronto el pasado hacía girar sus amenazas cual palo de ciego sobre nuestras cabezas, como la oscura presencia de un ser futuro presionaba en nuestro interior con dedos negros, real como el espacio que no podremos abarcar jamás.
 El viaje es una guerra que no acabó en su día.

Ciudades que los ojos no retuvieron al pasar y pese a todo dejaron una huella secreta e imborrable. Campos ardiendo a ambos lados de la carretera. Rostros entre las llamas, desconocidos o familiares, haciendo señas a la pasión. Como fotografías, recuerdos ya de lo que aún no ha sucedido. Las fotos son fuego también para los ojos, con esa fijeza enrarecida. La música será más fiel que las palabras, cuando no esconda palabras nunca dichas. La música es la alquimia de los cuerpos.
 Al fuego, pues, las fotos. Y los cuerpos, al fuego, que fertiliza las tierras áridas y espinosas. Los hijos de la pasión crecerán con un estigma imborrable en la frente. ¿Pero, quién reconocerá el rostro del que regresa de un país en llamas, para dar vida al orden que aprendió del caos?”


                         ("De un país en llamas";  Radio Futura   1.985)



LA MILLOR DE TOTES

                                                                                                                      24  Mar '16


 Sens dubte: la MILLOR.
 Y yo estoy alucinao con ella. Es el más maravilloso ser que he tingut davant (junto a mi madre, como suelo decirle).
 No hay ocasión en que deje de demostrarlo, cada vegada amb més intensitat, amb més resolució i energia.
 Y he sido tan burro que he podido tirarlo todo por la borda, no sé ya cuántas veces. Y ella siempre ahí, al rescate, aguardando la ocasión propicia para devolver las aguas a su cauce, con una maestría, una naturalidad y ejemplaridad fascinantes, inigualables. Y con un cariño incondicional; eso es lo más benditamente impresionante.
 No suelo explicarme bien cómo diantres habré merecido todo eso.
 Y viene, o voy yo, me impregno entonces de todo ese aura maravillosa que sólo ella atesora, ...i després em quedo boig, aclaparat. ¿Cómo puede caber tanta fascinación en una sola personita, así, tan menuda..?
 Gambita, ets la millor. Cada vegada estic més convençut. No sé cómo podré agrair-te tot això, tot el que em dones.
 T'estimo molt. No ho dubtis mai, si us plau... I vull cuidar-te...


UN MUNDO SIN GENTUZA (POR FAVOR...)

                                                                           
                                                                                   16 Mar '16


 Encuentro flipante cada momento en que topo con la presencia de un indeseable de dos patas. De un tipo agresivo. De un violento, un insolente, un capullo, un maltratador. De una inmundicia humana.
 Nunca entiendo qué falta hacen semejantes ejemplares en la sociedad, en pleno siglo XXI, en esta edad ya supuestamente algo madura del ínclito género humano. No comprendo qué mecanismos permiten o hasta propician la proliferación de los mismos.
 Hay ocasiones -quizá nos ha sucedido a casi todos- en que, sólo observando la puesta en escena no verbal de un determinado individuo -su modo de caminar, su torva mirada, la expresión general de su rostro- ya parece indicar a las claras qué modalidad de especimen tenemos a la vista. Una de esas inmundicias bípedas, innecesarias, completa y recomendablemente prescindibles. Pero ahí está, el interfecto, dispuesto a toda greña o confrontación posibles. Dispuesto a esparcir su arsenal de felonía, impertérrito al escrutinio o resolución ajenos.
 Personalmente, me he encontrado con muchos de ellos, demasiados, quizá, a lo largo y ancho de mi existencial discurrir. Y en ámbitos diversos: en las calles, principalmente; en locales de ocio, en ambientes laborables, en lugares o transportes públicos, en el -ya anacrónico- servicio militar. Hasta en la universidad; no te lo pierdas. Había ahí un hijo de puta de Alcobendas que me dejó lamentables botones de muestra para el -ya escaso, por fortuna- recuerdo.
 Personalmente, deseo a todos ellos lo peor. No siento la menor compasión por esas basuras con patas si ha de sucederles algo poco gratificante. Qldpec.
 Hace escasas semanas tuvimos otro episodio, en plena hora punta y en plena Puerta del Sol madrileña, del peculiar modus operandi de esa escoria que hemos importado en España, a saber mediante qué resortes, constituida por integrantes de las llamadas bandas latinas juveniles. Los denominados ñetas, latin kings, trinitarios, o como carajo se hagan llamar. Por supuesto, me niego a usar la mayúscula para las iniciales de tales apelativos. Centenares, miles de indeseables que apenas sobrepasan los veinte años -eso, los más veteranos- que se nos implantaron aquí en sucesivas oleadas a lo largo de estos tres últimos lustros en que parece que en este país se instala como Perico por su casa todo aquél que se le ponga en la entrepierna.
 Estos personajes pertenecen sobre todo, al parecer, a las nacionalidades ecuatoriana y dominicana. Portar armas blancas ocultas en las ropas forma parte de su más ordinario y acostumbrado ritual. Las cuales pueden ser esgrimidas, y usadas, en cualquier momento, lugar o condición. Suficientes casos se han conocido ya. Son seres que interpretan la existencia cotidiana como una selva donde impera la implacable ley del más fuerte. O del más hijo de puta, que en su caso viene a ser lo mismo.
 No quiero eso en mi país. No me hace falta. No aportan nada positivo, cual es evidente, sino todo lo contrario. Son sólo bazofia social, innecesaria. Sobrante. Que se vayan, por favor; que algún gobernante con pelotas los meta de dos patadas en un avión y los devuelva a sus países, o al carajo. O a la estratosfera, en un cohete de la Nasa, y que, como Matt Damon, se busquen la vida en Marte, y se líen allí a navajazos entre ellos. Bazofia inmunda.
 Por supuesto, que me llame racista quien le plazca; me importa otros tres carajos. Puntualizaré que en ningún momento he manifestado que lo que me moleste de ellos sea que su tono de piel o la estructura de sus cabellos sea diferente de los míos. Me molesta la actitud. Su soberbia, su agresividad, su violencia. Si fueran santos varones, capaces de contribuir a mejorar lo que ya teníamos aquí, estaría más que encantado de que vengan y busquen acomodo en nuestras ciudades y pueblos. Pero las recurrentes pruebas parecen sugerir mucho de lo contrario.
 Sí, hemos permitido en estos quince años que aquí venga de todo; con frecuencia me parece que de lo peor de muchos sitios, lo que nadie quiere ni en sus propios países. "...A España, que allí son gilipollas y seguro que os quedáis legal o ilegalmente cuanto queráis. Y si hay que delinquir, adelante, que os lo pondrán todo a huevo, ya veréis..".
 Por supuesto, aquí estoy incurriendo en una grosera generalización que conlleva automáticamente implícita su onerosa carga de injusticia: quiero imaginar que la mayoría de inmigrantes aquí implantados no son ni delincuentes, ni malas personas. Lo malo es que los que escapan a este perfil son quienes más se hacen notar; los que se mean fuera del tiesto suelen salpicar en amplias direcciones.
 A mí se me caería la puta cara de vergüenza e indignación al suelo si colectivos de españoles la liaran parda una vez, o cada dos por tres, en cualquier país extranjero. No digamos ya si se tratase de emigrantes establecidos en el país de que se tratara. Pienso que bajo la condición de extranjero en lugar ajeno, una persona con unos mínimos de integridad debe tener presente que no deja de representar una alícuota de la imagen de su nación de origen. Que tiene una responsabilidad a ese respecto. Que debe comportarse, coño, máxime si se trata de retribuir lo objetivamente lógico y normal al país que le acoge y le permite su establecimiento en él.
 Quiero pensar que miles de marroquíes afincados en España, en su día, debieron sentir una gran repulsa hacia las decenas de compatriotas suyos que organizaron y ejecutaron la matanza de los trenes de Atocha, en Madrid, ignominia de la que acaban de cumplirse doce años hace escasas fechas. Eché de menos, en cualquier caso, algún comunicado o muestra de condolencia o solidaridad, en los días siguientes a aquel 11-M, hacia la sociedad española por parte de representantes de la sociedad marroquí residente en este país. Me apresuro a expresar disculpas si tuvo lugar y no tuve yo constancia o no lo recuerdo ahora. Pero pienso era lo mínimo, después de tamaña, irreparable y sanguinolenta tropelía.
 Nos hemos familiarizado todos ya, en estos tres últimos lustros, a escuchar hablar de prácticas delictivas perpetradas por indeseables extranjeros de las que antes apenas teníamos noticia: la falsificación de tarjetas de crédito en cajeros automáticos por parte de bandas rumanas; los asaltos violentos en urbanizaciones y viviendas por parte de agresivas bandas de kosovares, albaneses o de la antigua esfera soviética, preferentemente con los inquilinos presentes (cuando aquí toda la vida los cacos llamados Martínez o López, con su antifaz y su saco de lona, habían preferido la ausencia de los propietarios para dar sus veraniegos golpes domiciliarios..); el narcotráfico y sus tejemanejes colaterales de multitud de colectivos magrebíes; los oscuros procedimientos criminales de diversas mafias chinas; las extorsiones en el submundo de la prostitución con miles de mujeres explotadas y humilladas traídas desde cualquier punto del planeta...
 Yo lo he pensado muchas veces: si los seis o siete millones de extranjeros que desde aproximadamente el año dos mil para acá se nos han instalado en España como quien lava una camisa, fueran otros tantos millones de científicos, artistas o ingenieros canadienses, suizos, japoneses o escandinavos, mucho me temo que otro gallo muy distinto hubiese entonado su canto en esta achacosa piel de toro. O, en vez de esas citadas nacionalidades, pues de las mismas a que ya he aludido hasta ahora: magrebíes, latinoamericanos o europeos del este. Lo que pasa es que, en estos últimos casos, me parece que a ésos sí que prefieren quedárselos en sus países. A todos ésos no nos los mandarían para acá, no...
 E insisto, quien quiera advertir tintes racistas en todo este alegato, que levante el dedo o la voz cuanto desee. Si es por racismo, supongo que la raza más diferente a la mía es la negra subsahariana. Pues bien, contra los inmigrantes de ésta no albergo el menor resentimiento. ¿Por qué? Porque normalmente se trata de colectivos lo suficientemente correctos y humildes, en su condición de extranjeros. Al menos, hasta ahora. Saben comportarse y no dejan su imagen por los suelos. Ni, por extensión, la de sus respectivos compatriotas residentes aquí o en sus países de origen.
 Por eso.

            (*) Anexo 22 Marzo:  los yihadistas vuelven a liarla en el corazón de Europa. Ahora, Bruselas; de nuevo decenas de víctimas y más de un centenar de heridos. ¿Por qué..? ¿Hasta cuándo..? No queremos esto. No deberíamos tolerarlo más. Su propuesta parece claramente un "..o nosotros o ellos". Y, ojo, no pequemos de racistas o xenófobos, ¿eh..? Que nadie vaya a sentirse molesto. Que entonces pareceremos muy, muy malos.
¿Nadie piensa si no serán ellos los racistas, los intolerantes, los intransigentes..? Seguramente lo pensamos muchos; también parece evidente que pocos se atreven a manifestarlo en voz alta...