27 Feb '15
Caterva de energúmenos juveniles. Horda de
iletrados, profundos y descomunales iletrados embutidos en un esperpéntico uniforme,
y en cuyas imprevisibles manos algunos otros desaprensivos, éstos de cierto
rango, colocan un fusil. Por fortuna, descargado.
Entre ellos, unas decorosas excepciones.
Ciertos ejemplares con quienes es posible, incluso recomendable, intercambiar
frases de razonable contenido. Y hasta compartir gustosamente algún vaso de
ligera graduación en los momentos libres. Pero son pocos. Excepciones honrosas,
ciertamente.
Y entre ellos, también, el polo opuesto. Por
fortuna, parece también tratarse de excepciones. Pero, lamentablemente, se
hacen notar sensiblemente más y con mayor intensidad que las anteriores,
campando entre el marasmo del vasto tejido borreguil. Seres infectos; almas aún
casi púberes destilando odio, sinrazón, perversidad e inquina en concentraciones
exorbitadas y ante el menor estímulo. Frecuentemente, incluso ante ninguno.
Jóvenes agresivos, ignorantes, demenciados, suficientes. Pequeñas bombas andantes en ciernes, hoy; mañana, a todas luces, más que presumibles hombres peligrosos. Carne de cañón, cofrades del hampa y compradores de números para incursiones usuales en juzgados y presidios.
Jóvenes agresivos, ignorantes, demenciados, suficientes. Pequeñas bombas andantes en ciernes, hoy; mañana, a todas luces, más que presumibles hombres peligrosos. Carne de cañón, cofrades del hampa y compradores de números para incursiones usuales en juzgados y presidios.
Su tránsito de nueve meses por los entresijos
marciales, y su malencarado sometimiento a las directrices cargadas de tiranía,
altivez y soberbia de los oficiales y suboficiales, parece contribuir
parcamente a combatir su intrínseca y pertinaz rebeldía, así como a ahuyentar
de sus peculiares mentes todo ese pérfido arsenal precozmente acumulado.