UNA VIDA

                                                                          30 Nov 16


 Los actos certeros justifican una vida. La comparecencia, aceptablemente regular, de experiencias adecuadas y satisfactorias justifican una vida.
 Una vida no es para "apechugar" obligatoriamente, o centrar la mayor parte de los esfuerzos en salvaguardarla. Una vida es para interpretarla, leerla lo mejor posible, y al mismo tiempo escribirla con las más correctas sintaxis y ortografía. Y exposición, por supuesto. Una exitosa combinación de fondo y de forma.
 Una vida satisfactoria se nutre de actos y experiencias acertadas.
 Una vida insuficiente puede oscilar entre la falta de valor (para adoptar las decisiones pertinentes) y la simple mala fortuna.
 Una vida patética es el resultado de la sucesión de acontecimientos inapropiados, erróneos, surrealistas o incluso injustos.
 Una vida indecente se compone de actitudes pérfidas, insidiosas y vergonzantes.
 Una vida... es un misterio insondable. Es, posiblemente, el más embaucador de los escenarios imaginables, o, quizás, la más esperpéntica trampa en que puede verse envuelto un individuo cualquiera.


EL PROYECTO ES TODO

                                                                                              5 Nov '16


 Sí, el proyecto es la clave, aquí.
 El hallazgo del mismo, sus idóneos enfoque y visualización. Y, por ende, su implantación, la zambullida pronta e impetuosa en él.
 El proyecto acertado es el TRABAJO aquí, la gran y auténtica tarea, la bendición por encima de casi cualquier otra posible. No hay mayor privilegiado en esta vida que aquél que, sin ser aún lo demasiado tarde, topa de bruces con esa realidad ocupacional que ha de constituirse en su ilusión, su cometido incuestionable, su real campo de batalla en este tapiz mundanal al que, uno tras otro, somos inopinada y taxativamente impelidos a comparecer, debatirnos y progresar cual más atinadamente seamos capaces.
 En tanto no sea así, opino que el verdadero "trabajo" (ese ambiguo concepto) no es otro que precisamente porfiar en la pesquisa y búsqueda de ese anhelado proyecto o razón vital.
 Sin proyecto naturalmente admisible -razonable, consistente, clarificador-, el sentido individual como parte integrante de este desmadre existencial se desvanece inexorablemente, como los granos de arena se escabullen por los huecos entre los dedos. Refiriéndome en este punto, claro está, a todo aquél o aquélla dotado de unos mínimos de contenido, espíritu e integridad. Que, lamentablemente y de paso sea dicho, témome no se me antoja la opción mayoritaria...