18 May '15
Sí. Para mí, esto es una especie de usufructo.
En realidad -y al menos en principio-, un… obligado usufructo.
“Toma; esto es para ti, para un tiempo.” ¿Cuánto?, ¿qué
es? “Ya lo verás (…pero, seguramente, un buen lío..). Ahora te lo damos –y te
callas-; cuando llegue el momento lo tendrás que devolver –y te callarás la
boca igualmente.
En tanto, haces uso de ello. Sí, ahí, en el
escenario. No vas a elegir las condiciones; ni las groseras ni los detalles.
Será lo que te toque, y lo dicho, primero te callarás, y después te las
apañarás, muchachín.
Muy probablemente, lo fliparás. No siempre
para mal, tranquilo; tampoco se trata de tocar la pirinflofla con la mayor saña
del universo. Pero habrá momentos en que sin duda te encantaría podernos
estrujar el cuello o arrancarnos la yugular con los dientes. En todos esos
casos, simplemente, te joderás, o aplicarás tus propios paños calientes como
mejor seas capaz.
En otros casos, confiemos, es de esperar que
hasta puedas estar contento con el regalito éste que no pides, pero que ya te
llega.
Total, que, en suma, tú mismo elucubrarás
hasta qué punto todo este “embolao” será, propiamente, tuyo. Como ves, tú ni lo
concibes, ni lo diseñas, ni lo preparas, ni lo ensayas. Sólamente se te otorga
al azar, lo estrenas un día, te las apañas desde entonces con ello mientras la
biología compatibilice con las circunstancias, y lo gestionas –si quieres…- con
el raudal de recursos que según tus propias habilidades vayas paulatinamente
adquiriendo. En función de una intrincada interrelación de factores de toda
índole –…externos, anexos, tangentes o convergentes- concluirás en lo que habrá
de ser la piedra angular o meollo de todo el asuntito: si te identificas lo
suficiente con él, es decir, si, efectivamente, vas considerando lo bastante que
se tratará de algo ‘tuyo’.
En la medida en que admitas en algún o en
muchos momentos que esto pudiera no estar siendo así, calibra entonces si es la
ocasión de tomártelo como lo que es: una suerte de usufructo. Algo ajeno que se
te da primero y se te quitará después. Un puñado de habas secas que un día
devolverás a quienes ahora están a punto de prestártelas. O a quienes sea, pero
las devolverás.
Pero te adelanto también otra cosa:
precisamente esta circunstancia, esta concepción usufructuaria del “engendro”
en cuestión, será seguramente lo último que pasará -siquiera un par de segundos-
por las cabecitas de la inmensísima mayoría del “elenco”, de esa ingente tropa
de abnegados congéneres con quienes compartirás durante el tiempo que te toque
las tablas del abigarrado escenario común.”
Recurrentemente, he
acariciado la hipótesis de que una perorata semejante a ésta bien pudo o podría
habernos sido dedicada a todos y cada uno/a, antes del comienzo, antes del
respectivo debut bajo los potentes e impla-cables focos escénicos.