SU ESTRIDENTE MAJESTAD

                                                                                6 Nov '17


 Les fascina el ruido. No logran –ni por supuesto, desean- evitarlo. Es algo superior a sus fuerzas. Es algo inherente a ellos.
 Nuevamente, acabo de regresar de un periplo por México, por Latinoamérica. México, ese gran país plagado de maravillas que, cual ya reflejara tiempo atrás por estas páginas, me atrapó en mi primera visita, me subyugó imbuido en ese crisol de continua fascinación que se sucedía allá por donde transitara.
 En esta ocasión, y a tal respecto, el escenario ha cambiado un tanto. Suele resultarme común: cuando regreso a un país del que salí suficientemente prendado en una primera ocasión (Filipinas, Brasil, Botswana…), una subsiguiente incursión en él no arroja ya los mismos edificantes réditos. México, esta vez, y dejando a un lado episodios y avatares del calibre de sortear dos terremotos en el plazo de doce días, o asistir de cerca al diagnóstico de una dura enfermedad en una magnífica amiga, también me ha dejado un más enrarecido sabor de boca que en aquella grata primera vez.
 Me centraré, por escoger un ámbito representativo por derecho propio, en una circunstancia peculiar que no deja de alimentar mi asombro: ¿por qué hay tantísima gente en estos lugares del trópico americano a quienes les fascina tanto el ruido, el ruido continuo y estridente..?
 La música. Allá por donde existe y se exhibe, ha de reinar al máximo volumen que permita el correspondiente dispositivo emisor. En comercios urbanos, en bares y locales similares no necesariamente de ocio nocturno, en pequeñas dependencias de pequeños pueblos perdidos… No se concibe que la música que brota incesante del amplificador de turno, lo haga a un volumen un tanto más bajo del que pueda obtenerse en su máxima expresión. Nadie concibe –ni por lo más remoto- que dicha circunstancia pueda redundar en una molestia, siquiera menor, para un transeúnte o ciudadano cualquiera, propio o extraño, que merodee por las inmediaciones. Es lo último que allí cualquiera podría imaginarse.
 El bus. Te subes, dispuesto a una ruta normalita en duración para las dimensiones del país: tus seis, ocho horitas de trayecto. La flota es cómoda, eso sí debe reflejarse. Tan cómoda, que le falta poco detalle “imprescindible”. No falta, en efecto, sobre las cabezas de los pasajeros, un equipo de audición dispuesto a martillear sin pausa ni piedad. Arranca el vehículo, te repantingas en tu asiento, sacas tu libro para recrearte en la lectura antes de conceder unos minutos a los embates de sueño que antes o después habrán de hacer su aparición, y… tu gozo en un… eso, pozo. El señor conductor hace click con un dedito, y zas, te tragas la película sí o sí a un volumen insoportable. Y no una Ninotchka o un William Wyler con Bette Davis en que priman diálogos de moderada cadencia, no. Ahí, en su lugar, concurren en el acto las explosiones, los tiros, el Van Damme, los golpes, los improperios, los revolcones por los suelos, y el vocerío implacable a palmo y medio de tus pabellones auditivos, y a unos decibelios realmente apabullantes. Y te fastidias. Se acaba la primera cinta, y el señor del click arrambla de inmediato con la siguiente entrega, no sea que algún pasajero sufra un ataque de rato de tranquilidad. ¿...Que quieres dormir? ¿Quién tiene problema para dormir aunque sea en medio de semejante guirigay..? ¿..Que quieres pensar mientras disfrutas de los paisajes? ¿Quién demonios tiene algo que pensar..? ¿...Que quieres leer..? ¿Leer, dice usted..? ¡Aquí no lee ni el gato..!
 En fin, no sé. No sé aún cómo logran aplaudir todo ello con las orejas, o en su caso –que no creo, realmente-dejarse vencer irremisiblemente por la desidia incapacitante. Supongo que, en realidad, se trata, esto de la devoción por el ruido estentóreo, de una evidencia inherente al eterno ambiente caluroso. Me costaba, en ocasiones, concebir cómo en mitad de toda esa retumbante vorágine pudieron o pueden prosperar mentes brillantes y sensibles como las de Carlos Fuentes, Octavio Paz, Elena Poniatowska o José Emilio Pacheco. Quizá algún día atisbe a comprenderlo…    


FUNDAMENTO

                                                                                  7 Jun '17



Todo proyecto de suficiente entidad, susceptible de ser llevado a cabo por persona de aceptable presencia intelectual, ha de cimentarse en -o verse justificado por- la presencia de un componente fundamental: el sentido.
 El sentido, sí; el fundamento, la razón.
 ¿Cuándo una ejecución concreta, una determinada puesta en escena por parte de un individuo tiene sentido..?
 Sencillo: cuando él advierte, sea mediante mecanismos ya conscientes, ya inconscientes, que el conjunto de ventajas que le depara dicha acción o conjunto de acciones supera -en la magnitud considerada en su concreto caso- al conjunto de posibles inconvenientes igualmente derivados de ellas.
 Un escenario que se aparte de tal premisa quedará señalado como más que probable campo abonado con la simiente del error, la precipitación, el servilismo o la mera estulticia.


EN LA MINA

                                                                            24 May '17


 La mina -jactanciosa, omnímoda y sempiterna- te espera, me espera. Vamos a ser mineros, inopinadamente, todos, sin previa instancia ni notificación.
 Podemos comparecer en la mina dotados del utillaje inherente... o no. Pico, casco, alumbrado frontal, uniforme resistente, calzado idóneo. Todo, parte o nada de ello podrá componer y aderezar tu bagaje, y las razones de su dotación efectiva o de su eventual carencia nadie sabrá si responden al dictamen del mero azar, o al de ulteriores fuerzas insondables.
 La mina pretende alardear de su incuestionable y suficiente riqueza mineral. Vetas rebosantes sugieren engalanar sus techos, paredes e infinitos recovecos. Está usted, estoy yo invitado a tomar una mano de naipes en el flamante festín.
 ¿Cuál es el mineral en cuestión? No sabemos. Ni siquiera sabemos por qué habremos de porfiar en la búsqueda del mismo. No sabemos, en realidad -y en un inicio- qué es el mineral, para qué sirve.
 En las primeras fases, observaremos el quehacer experto de mineros veteranos. El de aquéllos cuya paternal custodia nos viene a tocar en suerte. Con su mayor o menor dotación de tales útiles que -de inmediato se aprestarán a revelarnos- son perentorios para este viaje por las galerías de la mina.
 Desde su aleccionamiento y su celo, nos hablarán del mineral, de los distintos minerales ahí existentes. Tratarán de imbuirnos de la asunción y convencimiento sobre la importancia de los minerales, y sobre la importancia fundamental de aprender a discernir unos de otros, porque hay muchos. Demasiados, seguramente.
 Unos son buenos, convenientes, deseables. Sobre éstos deberemos focalizar nuestra atención, nuestro anhelo; en base a ellos deberemos capacitar y perfeccionar nuestras teóricas habilidades -ya instintivas, embrionarias, en variable grado- de cara a su detección, hallazgo, efectiva extracción y final y placentero disfrute.
 Otros, en cambio, son perniciosos. Nuestros allegados mineros veteranos, nuestros mentores, nos recalcarán las pautas a que plegarnos para, a toda costa, eludir su aproximación.
 En ambos casos, es probo considerar que habremos de hacerles caso. Ellos saben, no nosotros. Ellos comparecieron por la mina mucho tiempo antes. También inopinadamente, de igual manera sin solicitarlo, pero se han ido fogueando sin otra distracción, incuestionablemente, desde entonces. Están preparados para impregnarnos paulatinamente de las artes, trucos y guiños del oficio. Del oficio obligado. Del oficio único. Del oficio misterioso y abismal en el que los réditos en forma de mineral apropiado no vemos otra que concebir son el fin primero y último de nuestro virginal advenimiento aquí, a la mina inexorable y descomunal.
 Tiempo habrá, una vez entregados usted y yo a la vorágine de la denodada tarea, de concluir si los manidos y recónditos minerales son realmente subyugantes y resplandecientes, si banales y más bien anodinos, o si conforman en realidad el cogollo de una burda patraña incalificable. 


MINIMALISTA ( II )

                                                             20 Abr '17


        ADIOS A PLAZOS

Deja unos puntos suspensivos, tras el saludo con la mano a Elisa desde la ventana del tren, al partir. Ambos lo advierten de manera patente; ambos leen en el rostro del otro, sin ambages, las esquirlas de desazón que de inmediato se hincarán en sus respectivas entrañas.
 No saben si volverán a verse; desconocen si su clandestino amor a borbotones ha consumido ya los postreros rescoldos. Apuestan a que el fin, esta vez, se erigirá en amo y señor de sus almas. Reviven una vez más, en el andén de Chamartín, la misma escena de cada día veintiuno de los últimos dieciséis años.

        SILENCIO IRREDENTO

 El otro, hombre o mujer, siempre muerto de espanto, observará petrificado tras el alféizar de la ventana. Le intuiremos, ahí, desgarrado en su propia taquicardia, diluyéndose cada segundo en su gélida transpiración. Mas no descubrirá que sabemos que presencia la escena. Sin sospecharlo, será el engranaje perfecto de este brutal disparate. El testigo ideal que nunca logrará que le crean una sola palabra de cuan sus desbocadas pupilas están registrando en esta noche de infierno.


          ANTES DEL HIPODROMO

 El armario donde acababa de encerrar a su muñeca emitió un chirrido tenebroso, justo después de que Tomás hubiera dado media vuelta para marcharse. Atónito, empalideciendo por momentos, se giró de nuevo, lentamente, y observó el temblor de su mano mientras se aproximaba hacia la llave, otra vez.
 Al abrir la puerta, lentamente, notó el sudor frío que asaltaba sus sienes, mientras, despacio, la luz de la estancia comenzaba a iluminar tenuemente el interior del armario. Los vívidos ojos de la muñeca, clavados impertérritos sobre los suyos, anticiparon el leve balbuceo de sus labios, que, en voz queda, susurraban: "Esta vez no apuestes por Timothy en la quinta carrera...".

               CABAL PREMONICION


 En el lugar más recóndito de la isla depositaré el desdén atesorado -en contra, tras todo este tiempo-, la correspondiente frustración devengada, y hasta los paños calientes oportunos con que transmutar este sol sempiterno y esta arena blanquísima, embriagadora, en una mesa de escritorio de oficina gris con aire acondicionado, y en los reproches atosigantes de una esposa pragmática e inquisidora.
 "Nunca sabrás lo que quieres, hijo", habían proclamado un buen día el sabio y mi mamá...

           
                   SIEMPRE JUGARÁS CONMIGO

 Cerró los ojos y sopló las velas del pequeño galeón de madera, apoyando las desgastadas coderas de su jersey en el poyete del estanque público. Mientras el barquito, fruto del cariño y paciencia y las manos sabias del abuelo Rafael, comenzaba a desplazarse, ufano y triunfal, al vaivén del leve oleaje, el pequeño Albertito soñó despierto que, cuando abriese los ojos diez segundos más tarde, el rostro sonriente y bondadoso del querido yayo habría descendido del cielo para hinchar sus carrillos, desde el lado de allá del estanque, e impulsar de vuelta hacia él el maravilloso juguete...


             CÁBALA IMPROBABLE

  Se asomó sola por la escotilla para ver amanecer. Todavía hoy, diecisiete años y mil desventuras después, no logra explicarse cómo se las apañó aquella gaviota de torpe vuelo para, con tan apenas perceptible aleteo, sugerir al lucero del alba que impidiese a toda costa la salida del sol por Antequera.

            FRANCA PARADOJA

 Sólo le quedaba un cigarrillo arrugado en el bolsillo de la ensangrentada camisa, una tarjeta de crédito inservible en el lateral del pantalón, y una punzada brutal de resquemor atornillándole el alma.
 Trémulo, se dirigió a la cabina telefónica de la Plaza de San Antón, resuelto a confesar a la cúpula de accionistas de la multinacional dónde escondía los nueve millones de euros del desfalco.
 Al levantar el auricular se percató de que no tenía ni una sola moneda encima.



MANIQUÍES FRÍGIDOS

                                                                                                   7 Abr '17



 Las pulsiones exhalan al mundo su impronta, su hálito incontinente.
 El mundo absorbe, incorpora, procesa, genera; sólo en ocasiones, expresa.
 La expresión del mundo es un crisol despiadado, omnímodo.
 El mundo juega su mano de dados al auspicio de su poltrona rozagante. Nada le conmueve.
 La corriente de todo lo eterno fluye indómita. Sólo los maniquíes gélidos rinden su torva, indolente faz.

                                                              (A   A. P.)


MINIMALISTA ( I )

                                                                                      14 Mar '17

 Sólo cien palabras como máximo, sin contar las de la frase de inicio. Esta, a su vez, no es otra que la última del microrrelato vencedor de la semana anterior. Y así siempre.
 Relatos en cadena, lo llaman, en tal limitado formato de presentación.
 Ellos (una conocida emisora de radio, un ya longevo programa vespertino) proponen, semanalmente. Y de igual manera, disponen. Tres entregas finalistas semanales; durante la propia emisión del programa se decide por votación cuál de ellas es la vencedora. Y a final de cada mes, cuál de las vencedoras semanales se corona como ganadora mensual.
 Piden siempre un título encabezador, y sugieren "pintar con palabras", una especie de expresionismo ostensible y urgido. Se ve que eso les mola.
 Y ahí, pues de vez en cuando damos el callo. Gusanillo literario en ristre para ser acometido. No sé, quizá un día me digan "eh, tú, pon la radio el lunes que estás en la terna..". No niego que me agradaría, oyes... De momento, vierto por aquí retroactivamente varias de mis propuestas remitidas al reclamo semanal de turno.


 ENDEBLE DISCRECION

 El puñetero ojo de la cerradura resistió, estoico, el asedio de la mirada incólume de los pequeños Sara y Joaquín, al otro lado de la puerta del dormitorio.
 Ajenos a ella, olvidadizos de tan nimio detalle, el teniente de alcalde, la estanquera, el farmacéutico y yo procedíamos, silentes, metódicos e incapaces de mirarnos a las caras, a la concienzuda tarea de descuartizamiento del joven y maravilloso cuerpo de la señorita Andrea, la nueva instructora de la academia de baile.


 HOY HE VUELTO A BEBER

 Las besa con suma conciencia para no equivocarse, aunque de antemano sospecha que su esfuerzo y concentración serán en vano, una vez más. Las cuatrillizas aún gatean por la moqueta del salón, crecen preciosas, idénticas, e incluso cuando llega a casa sin tambalearse y sin aliento a gin-tonic, no puede asegurar que las reconozca por sus nombres sin errar.
 Con Lourdes no se equivoca. Otea de soslayo su expresión silenciosamente resignada, lacónicamente reprobatoria. Intuye una noche más que las niñas son el único armazón que sostiene sus endebles briznas de algo acaso calificable como felicidad.


 MAGIA EFIMERA

 Van a ir a comprarse un vestido nuevo y un helado, a estrangular -acto seguido- al desengaño, y a gritarle al mundo que los príncipes azules están de saldo en la sección de oportunidades. No caminan; flotan las dos sobre el tibio empedrado de la acera en este atardecer indescriptible.
 Tras la esquina, dentro de doce segundos, sortearán la zancadilla impúdica con que el hombre de la máscara púrpura dispondrá hacer trizas la indulgencia de tan álgido momento.


 PROCAZ HASTIO

¿Por qué demonios sus dueños los han abandonado en ese inhóspito lugar..? ¿Por qué tamaña obcecación en segregar de un plumazo los destellos de calidad..? ¿Se trata de envidia; es simple despecho ante la evidencia de lo sublime; es mera incapacidad por parte de tales propietarios..?
 Los botones conforman muestras; las gotas, lluvia... y los ejemplos reiterados y procaces deparan -y amenazan- los límites del hastío.


 EL NUEVO EPISODIO

 Serán sólo cien palabras, no harán falta más, para la lúgubre despedida y el resumen de su calamitosa existencia.
 Probablemente, además, no las leerá nadie. Plegará el papel en cuatro dobleces, lo introducirá en el bolsillo trasero, y mientras salta desde la baranda del puente hacia las bravas aguas del Garona, tendrá apenas tiempo de dilucidar si con cien palabras más le hubiese bastado para expresar la vida que quiere pintar para sí a partir del segundo siguiente.

 INCOMODA INTRIGA

 Las palabras que ha aprendido por la noche será capaz de memorizarlas, seguramente con notable fidelidad, con objeto de compartirlas en el colegio a la mañana siguiente. No las conocía, a sus tiernos seis años, y se pregunta intrigado si a sus compañeros les resultarán algo más familiares.
 Mas, no le suenan bien. No le inspiran amables sensaciones. No sabe por qué mamá y papá han estado hablando tanto rato en el comedor, tras la cena. No ha encontrado apacible el tono de su padre al pronunciarlas. No le ha resultado grato oír los sollozos de su madre, al escucharlas.


 Bueno, próximamente, el siguiente lote. Y moltes gràcies a la Gambita, que me puso en conocimiento del entretenimiento éste. Aquesta nena és sempre una meravella impenitent, tu...


EL AMBITO

                                                                                     26 Feb '17



 El ámbito en que un ser humano despliega el grueso de sus actividades primordiales en esta existencia determina decisivamente, para él, la calidad de la misma.
 El ámbito ha de ser el correcto, el más atinado de cuantos tenga opción de contemplar o disponer.
 Una persona inmersa en lugar o circunstancias erróneos no puede manejar las riendas de su vida a óptimo rendimiento.
 Así, para cada individuo suficientemente inteligente o sensible, lo primordial es descubrir, identificar tal ámbito, ese cúmulo de circunstancias básicas de despliegue ocupacional, esto es, vivencial, lo más certera -y rápidamente- posible. De otro modo, su trayectoria existencial quedará seriamente emponzoñada, viciada.
 El ámbito correcto de desarrollo de la vida de una persona se constituirá en su principal modo de expresión en dicha vida. O lo que es lo mismo: el ámbito válido es sólo aquél al que merece la pena dedicar a fondo la vida que a cada uno le toca en suerte.


CASUS BELLI

                                                                      11 Feb 17



 La guerra se hace o se elude. Se sabe con qué motivaciones se cuenta para participar en ella, o, por contra, qué patentes razones la sitúan en el universo ajeno, el territorio de otros.
 Por supuesto, es factible incluso urdir, inventar la guerra. Así como darle la espalda si se dispone de la pertinente opción, ponderada -o no tanto- opción.
 La lucha procede cuando la batalla es la correcta. El despropósito mayúsculo es el verse inopinadamente impelido al retoce y renqueo en el barro indecente y obsceno de las pestilentes trincheras de una guerra en que nunca se solicitó tomar parte.


HA DE HABER UNA SALIDA

                                                                                     
                                                                                         31 Ene 17


 Los árboles son muchísimos, son tremendamente tupidos. Entremezclan sus ramas y copas, en lo alto, apenas permiten espacio para progresar abajo, entre sus troncos rotundos, agrestes, retorcidos.
 Es evidente que, más que nunca, imposibilitan todo intento de visión general del bosque.
 ¿El bosque..? ¿Y cuál es aquí el bosque?
 El bosque es el teórico todo, la razón de las razones, el juego cuyas reglas son ignotas, vedadas, y por tanto, nulas, inexistentes en la práctica. En él hay humedad, múltiples sonidos incesantes -ruido de fondo y ruido inmediato-; hay trampas tendidas por doquier, maraña espesa, tropiezos, amenazas de toda índole. Hay frío glacial y también bochorno asfixiante; hay empellones, avisos, atropellos; acecho, sigilo, pulsiones atosigantes.
 Llegamos al bosque, todos, un buen día, y dentro del extravío inherente, hay quienes hallan su peculiar espacio de suficiente confort, y hay quienes no logramos descubrir dónde están o cuáles son nuestras más básicas coordenadas, ahí.
 Los de dentro, y los de fuera.
 Los de dentro están bien. Aceptan, admiten, se funden, se pliegan con candorosa aquiescencia a los dictámenes y exigencias del ambiente. Fluyen en suficiente armonía (¿..puede caber la armonía en semejante laberinto babeliano?); dan por hecho que es así porque sólo puede ser así. Y parece funcionarles, o las más de las veces logran exteriorizar que les funciona.
 Los de fuera estamos más jodidos. Este bosque es un escenario con que jamás imaginábamos contar, en un a priori supuesto y nebuloso. No entendemos nada, no entendemos qué espera este bosque de nosotros, si es que acaso esperaba algo de nosotros. Pero estamos aquí.
 El reto es flagrante, explícito, y está servido. Desde el principio de nuestra inopinada incursión.
 Mas, quizá, en nuestro caso pueda tratarse de un reto de un muy peculiar intríngulis. No somos de la pasta imperante, no nos mimetizamos tanto con el fondo. El fondo nos muestra su facies torva y exhala sobre nosotros su hosco aliento, de modo que es un fondo desdeñoso, no halagüeño. Es un fondo que parece desear ahuyentarnos.
 Entonces, es preciso pergeñar una estrategia novedosa para atravesar este bosque, puesto que tampoco hallamos otro escenario alternativo a él. De momento, es sólo esto. Es cuanto hay.
 No nos sirven las estrategias habituales, inmediatas, consuetudinarias. Esas son para los de dentro, para los acomodados, para los "patricios" y "funcionarios" que configuran el tejido poblacional mayoritario, "normal".
 Así pues, comprendamos esto en primer lugar, si es cierta la máxima de que el primer paso para resolver un problema es admitir que existe.
 Y después, pensemos. Observemos, anotemos. Sintamos. Intuyamos. Percibamos y dejémonos embargar por los sutiles tonos de esta otra exclusiva partitura. Ésa que seguramente no se compone de las cinco manidas líneas paralelas.
 Y fluyamos, carajo, también, por tanto, a nuestra manera. Es éste un flujo, consecuentemente, de peculiar cadencia de oscilación, avance y vaivén. Pero es el nuestro. Y en él, antes o después, habremos de topar con las claves que descifren la gestación del hilo cuya madeja conforma el itinerario, tan enigmático, que se nos tiene reservado para cada uno de nosotros, los de fuera.
 Tiene, por tanto, que haber una salida adecuada y suficientemente operativa para transitar hacia los límites de este bosque cabrón y pendenciero.


SIN PUNZANTE ACRITUD..

                                                                                              29 Dic '16

 Redimidos seamos los cariacontecidos cronistas, en estos taimados días inciertos.
 Se va por la gatera dos mil dieciséis, ese sibilino decurso, quién sabe si orgulloso, verecundo o quizá hastiado de su intrincado, o no, balance de réditos.
 Su congénere que asoma ya por la esquina sabrá -o no- qué juego de faces, envites y acometidas deparará desde casi ya mismo sobre esta inverosímil y aberrante jaula de grillos.
 Por allí nos veremos... 


RADICAL VASCO

                                                                            6 Dic '16

A principios de la década de los 80, el País Vasco estaba convirtiéndose en un hervidero social de difícil contención. Al azote brutal del terrorismo en esa época, lo que fue bautizado posteriormente como los "años de plomo", se añadía una efervescencia callejera en muchas localidades que apenas contaba con precedentes registrados. Agitación, protestas de múltiples frentes, encapuchados, incendios urbanos, barricadas, cócteles molotov, "kale borroka" por doquier, enfrentamientos cotidianos con fuerzas del orden. Era el escenario habitual con que topaba día sí y el otro también el españolito de turno que conectaba el Telediario de la única cadena de televisión existente.
 Realmente, cabe apelar al dicho "habría que haber vivido allí" para tener opciones consistentes de comprender quizá los resortes básicos que se constituían en el engranaje de toda aquella rueda implacable, de todo aquel carrusel ingente y desbocado.
 Pero yo vengo aquí a hablar de música. De la música contundente que nació en aquel escenario tan peculiar. De los artífices y los acordes que parecían maridar milimétricamente con todo ese tinglado social, político y vivencial que nadie veía cómo sosegar o aplacar, allí. De lo que acabó llamándose nada menos que Rock Radical Vasco.
 No muchos años después, hacia el verano del '86, unos cuantos pendejos de diecisiete años lo flipábamos en las noches del bar Roldán de Sabi, en plenas fiestas del patrón Santiago, con las canciones de ritmo ska desaforado del grupo Kortatu, creado por los irundarras hermanos Muguruza hacia el '84. Algo desconocido, nuevo; guitarras descerrajando a tumba abierta lo que parecían ecos salvajes de aquellos días viscerales en Euskadi. Allí nos volvíamos medio locos también nosotros entre las birras y las notas aguerridas del Sarri Sarri, el Sandinista, la revuelta del frenopático, y todo aquel percal. Con aquellas letras contundentes, repartidas entre el castellano y el euskera, a las que tampoco nos era muy necesario atender con detenimiento. Simplemente nos parecía algo capaz de colocar en inmediata efervescencia hasta la última de nuestras células del tuétano...



 Casi acto seguido, ya instalado en Madrid para los estudios, di en el Rastro con una de esas cintas piratas que vendían por doscientas pelas en algún puesto, con fotocopia en blanco y negro de la carátula original, de -atención al nombre del combo- La Polla Records. La banda alavesa de Salvatierra creada por el vocalista super punk Evaristo Páramos, aunque éste portaba origen gallego. Lo más punk de entre lo punk, los Sex Pistols vascos generosos en revoluciones, la irreverencia musical más desaforada que se podía enarbolar por entonces. Lo cierto es que yo me lo pasaba como un enano voceando sus letras desgarradas (el manido "no future" en diversas pero complementarias propuestas); las calles, los maderos, la opresión, el capitalismo fascista, las expectativas inviolablemente truncadas. Allí, con un radio-cassette gris que lo soportaba todo, el tío, en el salón de casa de mi abuela, en cuanto tenía dos cuartos de hora tras desertar de los farragosos apuntes de la facultad...


 De Santurce eran los Eskorbuto (...lo cierto es que los nombrecitos de las bandas ya eran tela marinera), el grupo de punk en castellano de Iosu Expósito y Juanma Suárez, ambos fallecidos a principios de la década siguiente como consecuencia de sus adicciones a la letal droga parenteral. De amplia creatividad pese al estado de salud con que batallaban frecuentemente sus dos principales miembros, dejaron el legado de un buen puñado de himnos electrizantes que la parroquia enfervorizada coreaba al unísono en sus conciertos en pequeñas salas y antros.
 Aparte estos nombres referentes, quedó como hito en el recuerdo el llamado "disco de los cuatro", que los Kortatu grabaron conjuntamente con Cicatriz (otra importante banda del "gremio" radical), Jotakie y Kontuz Hi, bajo el sello Soñúa. Y más nombres; RIP, Hertzainak (fundamentales también, estos dos); los pioneros Zarama; Subversión X, MCD...
 No a todos ellos les agradaba incondicionalmente lo de la etiqueta "rock radical vasco"; había quienes reivindicaban su fondo de independencia musical y de personalidad creativa propia, sin necesidad de marcas ni banderas. Pero no es menos cierto que las afinidades colectivas resultaban flagrantes.



 En definitiva, que hasta que llegaron más tarde los Duncan Dhu, los Van Gogh con su oreja y los Alex Ubago por aquellos lares, quienes empezábamos a afeitarnos y sobrenadar en hormonas en aquellos anteriores años irrepetibles pudimos zambullirnos con grata perplejidad inicial -y subsiguiente deleite incuestionable- en aquel turbulento mar de acordes desaforados provenientes de esas tres agitadas provincias del norte; acordes y mensajes que no volvieron a contar con un relevo de tamaña y volcánica revelación.





UNA VIDA

                                                                          30 Nov 16


 Los actos certeros justifican una vida. La comparecencia, aceptablemente regular, de experiencias adecuadas y satisfactorias justifican una vida.
 Una vida no es para "apechugar" obligatoriamente, o centrar la mayor parte de los esfuerzos en salvaguardarla. Una vida es para interpretarla, leerla lo mejor posible, y al mismo tiempo escribirla con las más correctas sintaxis y ortografía. Y exposición, por supuesto. Una exitosa combinación de fondo y de forma.
 Una vida satisfactoria se nutre de actos y experiencias acertadas.
 Una vida insuficiente puede oscilar entre la falta de valor (para adoptar las decisiones pertinentes) y la simple mala fortuna.
 Una vida patética es el resultado de la sucesión de acontecimientos inapropiados, erróneos, surrealistas o incluso injustos.
 Una vida indecente se compone de actitudes pérfidas, insidiosas y vergonzantes.
 Una vida... es un misterio insondable. Es, posiblemente, el más embaucador de los escenarios imaginables, o, quizás, la más esperpéntica trampa en que puede verse envuelto un individuo cualquiera.


EL PROYECTO ES TODO

                                                                                              5 Nov '16


 Sí, el proyecto es la clave, aquí.
 El hallazgo del mismo, sus idóneos enfoque y visualización. Y, por ende, su implantación, la zambullida pronta e impetuosa en él.
 El proyecto acertado es el TRABAJO aquí, la gran y auténtica tarea, la bendición por encima de casi cualquier otra posible. No hay mayor privilegiado en esta vida que aquél que, sin ser aún lo demasiado tarde, topa de bruces con esa realidad ocupacional que ha de constituirse en su ilusión, su cometido incuestionable, su real campo de batalla en este tapiz mundanal al que, uno tras otro, somos inopinada y taxativamente impelidos a comparecer, debatirnos y progresar cual más atinadamente seamos capaces.
 En tanto no sea así, opino que el verdadero "trabajo" (ese ambiguo concepto) no es otro que precisamente porfiar en la pesquisa y búsqueda de ese anhelado proyecto o razón vital.
 Sin proyecto naturalmente admisible -razonable, consistente, clarificador-, el sentido individual como parte integrante de este desmadre existencial se desvanece inexorablemente, como los granos de arena se escabullen por los huecos entre los dedos. Refiriéndome en este punto, claro está, a todo aquél o aquélla dotado de unos mínimos de contenido, espíritu e integridad. Que, lamentablemente y de paso sea dicho, témome no se me antoja la opción mayoritaria...


LO OTRO, Y LO UNO

                                                            25 Oct 16


No me interesa la supervivencia; me interesa la VIVENCIA.
 Lo primero implica sumisión, servilismo a esta experiencia obligatoria que llamamos vida. Ella manda, dispone, perpetra y decide, y al parecer esperaría que el usuario de turno baje la cabeza y acepte sus designios con infundio totalitario, con concluyente resignación.
 No; yo no.
 Me interesa la vivencia. La vivencia puede dotar de sentido a esta inopinada presencia en el medio, en esta cárcel dorada, en este sustrato insustituible -e insoslayable. En este planeta maravilloso y fascinante pero bajo el que debemos progresar sometidos a los dictámenes inherentes a la realidad de nuestra no escogida especie y condición.
 La supervivencia puede implicar súplica, rastrerismo, casi indignidad. No la quiero. Sólo la acataré, en su caso, en los instantes más imperativos: quizás en la enfermedad, en el accidente. Cuando me esté despeñando por un barranco. Cuando me esté atacando un animal salvaje, incluso de dos extremidades inferiores. Cuando los elementos de la naturaleza puedan confabularse puntualmente en mi contra. Mientras no sea así, quiero escuchar poco acerca de sobrevivir.
 Quiero vivir; eso es otra cosa. Vivir es el ejercicio, la tarea, la búsqueda, el posible hallazgo, el rol. La puesta en escena del papel cuya interpretación se pretende y anhela.
 Lo otro, como punto de partida, creo sinceramente que son pendejadas de pusilánimes. Es como construir un castillo de naipes de un metro y medio de altura para acto seguido ponerse a sufrir por si una corriente de aire lo echa por tierra. Menudo plan.