DESDÉN

                                                                             28 Ago '16

 Se apodera de mí​ el esceptismo, en estos días tan inciertos como casi todos, como casi todos los días transcurridos. 
 Hace presa de mí la displicencia, el ramplón desdén que reflejo y emito tras su habitual e inopinada recepción, constante, insolente, consuetudinaria.
 Me paso casi todo por el forro de los cascarones, en consecuencia burda e inevitable.
 No me creo nada de todo este jaleo obligatorio. No hallo resquicios oportunos, salvoconductos halagüeños por los que expiar tamaña certeza de vacuidad. Más allá -eso sí- del acostumbrado, el único: el de los meridianos distantes, los efluvios de trópico, los guiños de libertad.
 La paciencia y la concordia se agotan; el eclecticismo ante el arisco puño de lo impuesto se desvanece y merma lenta pero inexorablemente, como arena que cae por los huecos de la mano.
 Se apodera de mí el escepticismo, insondable y tenaz. Me invade el desdén más descarnado.
 No me creo un carajo de nada. Me paso casi todo por el forro de los cascarones.


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