DIGANOSLO USTED, HERNANDEZ...


                                                                                                          11 Jun '15



 ¿Preguntarse, preguntarnos por qué lo hacen..? ¿Se lo preguntó acaso usted, Hernández..? ¿Prefiere, quizá, que se lo preguntemos directamente a usted mismo (..ya que parece intuirse que tiene la respuesta)..?
 Okey, pues entremos al trapo, Hernández. Pregun-témonos, y, de paso, respondamos. Porque a esto último puede entonces que también tengamos derecho, ¿no?
 Pues mire usted, pitaron el himno, en primer lugar, por aborregamiento contagioso, además de alevoso. Había ochenta mil que sabían que casi todos los demás iban a pitar. Vale, pues yo también. ¿Que por qué pitamos? No lo sé bien. España es mala y nosotros no; faltaba más. O eso dicen casi todos estos, por aquí. Será entonces verdad, ¿no? Nosotros somos todos buenos. Ellos, no. Pues hale, pitemos.
 Eso sí, seguramente ni uno solo de todos ellos y ellas, fervientes abucheadores, se pusieron por un solo instante en la poco apacible tesitura de imaginar a unas decenas de miles de energúmenos silbando a coro y a todo volumen, en cualquier lugar del mundo, las notas de Els Segadors o del himno vasco. No, eso no. Para qué se van a poner a imaginarlo.
 El no hagas a otros lo que no te gustaría que te hicieran a ti no debió pasar por sus cabecitas en esos ínclitos momentos.
 Pitaron, Hernández, además, por cobardía extrema: uno solo o una sola de los silbadores, solo él o sola ella en mitad del graderío con todo el resto del aforo vacío, (a excepción de las autoridades deportivas, regionales y estatales en el palco), no habría pitado absolutamente nada. Habría, ése o ésa, mirado al suelo en silencio o, todo lo más, al exterior del recinto por encima del canto superior. A cualquier sitio, en suma, excepto a ese elenco de personas del palco.
 Pitaron también, desde luego, Hernández, en un alarde extremo de pésima educación. Aquí, entenderá que huelguen muchos más comentarios. Si acaso, permítame uno: he conocido en mi vida muchos catalanes y catalanas, y puedo afirmar que la corrección ejemplar de modales que he observado en ellos ha sido una constante abrumadoramente mayoritaria. Con total sinceridad subrayo esto. De ahí que el suceso de marras me cause una extrañeza especial. Acerca de vascos y vascas, por otra parte, no he conocido tantos. Así que con respecto a ellos y ellas, ni puede extrañarme ni dejar de hacerlo. Simplemente los tengo menos catados.
 Por último, Hernández, pitaron, asimismo, rizando el rizo de la paradoja y de la ridiculez. Que nos expliquen al resto -si quieren o son capaces- qué hacen tantos miles de aficionados abucheando los símbolos representativos de un evento, en este caso deportivo, que al parecer desean a toda costa sea conquistado por el respectivo equipo de los amores de cada uno. Y hagamos especial hincapié en la parte de la hinchada que se desplazó más de seiscientos kilómetros para seguir y apoyar a los suyos. Notable inversión económica -entrada, viaje, gastos de estancia..-, posibles días de vacaciones utilizados... todo para disponerse de entrada a despreciar aquello en lo que desean ver salir airosos a los suyos un par de horas después.
 Le juro que me cuesta entenderlo. Me consta que no soy el único. 
 En fin, Hernández, si desea usted añadir algo, será recibido con gusto. En tanto, cuando comience y vaya transcurriendo su aventura en Qatar, si alguna vez observa algo semejante no deje de transmitírnoslo. O, en su caso, de instarnos igualmente a preguntarnos por qué lo hacen...