OFICIANTE CONCURSANTE


                                                                                                         25 Jun '15
                                                           
 Una tendencia irreprimible; de hecho, un hábito ya más que consolidado. Un campo de batalla escogido, siempre anhelado y embaucador.
 Un plató televisivo, unos atriles, un presentador; unas preguntas o pruebas culturales de todo ámbito. Con frecuencia, unos rivales, y en ocasiones hasta unas filas de público asistente.
 Normalmente, también, un jugoso premio en metálico; en ocasiones verdaderamente estratosférico. Aunque       –puedo asegurarlo taxativamente- la motivación insuperable es la de la permanencia una jornada más en el juego, cuando se da tal posibilidad técnica. En cualquier caso, la del desenvolvimiento notable, la del “quedar bien” ante uno mismo y la audiencia.
 Un placer competitivo en toda regla, sí, aunque en buena medida supeditado directamente al éxito en la “empresa”. De hecho, la frustración resultante cuando vienen mal dadas suele adquirir tintes onerosos, especialmente cuando la diosa fortuna obsequia con un corte de mangas descomunal a palmo y medio de los orificios nasales...
 En suma, una pasión en toda regla desde hace ya camino de década y media. Mi sitio, mi terreno. Una parte de mi vida suficientemente indispensable.
  Desgranemos el currículo:

  2002
         .El rival más débil  -  El debut; toma de contacto inicial para advertir que sí, que aquello mola. Nuria González en el papel de maestra con muy malas pulgas ante un elenco de alumnos poco aplicados.
         .Pasapalabra (I) – Pronto, un clásico, sin imaginar por entonces que llegaría a serlo muchísimo más. Tres programas; la Silvia Jato a los mandos.

2003
         .Madrid reta – Con Javier Capitán. Primera frustación reseñable afrontando preguntas del público madrileño.

2005
         .El enemigo en casa – Formato original, con Daniel Domenjó; pillamos al infiltrado que de antemano conocía todas las respuestas.

2006
         .Alta tensión – El panel de bombillitas que se encienden al acierto o estallan al error. Bien conducido por Luis Larrodera. En la pugna por el coche, me tocó la prueba más difícil que propios y extraños recordaban en ese programa.

2007
         .Metro a metro – De nuevo con Javier Capitán, y de nuevo una desazón imponente tras una derrota inesperadísima.
         .Money Money – Otro formato entretenido, con Josep Lobató. Hasta hoy, mi mayor logro crematístico, algo más de veinte mil netos en tres cuartos de hora de juego.
         .Saber y Ganar – (Por fin, tras seis años de vana porfía). El grande entre los grandes de los incombustibles Jordi Hurtado y Juanjo Cardenal, “el Invisible”. Rivales monstruosos; ocho programas y muy mala pata en las preguntas calientes. Debieron de ser unos cuantos más, en condiciones objetivamente normales.

2008
         .Password – Entretenida fórmula con la “ayuda/ estropicio” de famosillos; bien llevado con la belleza y frescura de Luján Argüelles. Infima suerte en la fase decisiva.

2009
         .¿Quién quiere ser millonario? – El clásico enésimamente repuesto, ahora con Antonio Garrido. Error mío o de los botones de la prueba selectiva, y no llegamos a salir a la silla central. Frustración imponente.

2010
         .Pasapalabra (II) – Otra cadena, otra productora, y otro presentador ya de solera, Christian Gálvez. Una rival demoledora y un rosco –el mío- incomparablemente más pernicioso. Sensación de humillación y las expectativas, pisoteadas.

2011
         .X la cara – Con José A. Alaya en la tv local aragonesa. Dos semanillas que bien pudieron haber sido unas cuantas más (surrealista final).

2012
         .El duelo – De nuevo ante Antonio Garrido, y de nuevo humillante embate de la fortuna; en última instancia no hubo tiempo de bajar a enfrentarme a una rival asequible.
         .¿Conoces España? – Formato efímero bajo batuta del carismático Ramontxu García. Diez mil euros al garete –quedaron en cero- por no saber en qué localidad costera española se halla el Café del Mar, o que Carlos Moyà fue el primer tenista español en alzarse al 1 de la ATP…

2013
         .Saber y Ganar, fin de semana – Tres duplas de sábado+domingo; no es que esté mal, pero la eliminación se debió a una pregunta incorrectamente formulada. Recurso posterior que naufragó ramplonamente en agua de borrajas catalana. Hurtado y Cardenal no salen de ahí ni con agua hirviendo; sabido es. (Tampoco es que haga falta).

2015
         .Pasapalabra(III) – De nuevo ante un monstruo de rival, antiguo ganador de un bote. Alta preparación que sólo da para un vistoso empate y una derrota decorosa. Desazón e impotencia desmedidas. C. Gálvez ya lleva ahí ocho años de éxito ininterrumpido y cuotas de audiencia bárbaras.

 En suma, ganas de continuar en el ajo, y sensación incuestionable de que este “negocio” me debe aún algo importante. Por el momento, me ha ido venciendo la impresión de haber sido mirado casi siempre por un tuerto, si no por dos.
 Y si fueren concurriendo novedades, actualizaríamos puntualmente. Aunque de un tiempo a esta parte, parece que todo lo que no sea competir por cocinar o cantar ha perdido comba. Y en ésas sí que de momento va a ser que no...

2017 -
         .Pasapalabra - Supercopa - Como representante riojano alcanzo las semifinales de esta especie de campeonato de España, que celebra el décimo aniversario del formato en la cadena Telecinco. Sólo tres leyendas del mismo (David Leo, Lilit y Jero) obtuvieron mejor clasificación que servidor. Promesas del director de regresar más adelante a programas diarios..., pero el formato se ha fundido en el otoño de 2019 y sin visos de retorno...

 2018 -
         .Código Final - Formato efímero conducido por Goyo Giménez. Chapuza mayúscula que permite a un rival abalanzarse descaradamente antes de tiempo al pulsador que otorga el turno para responder. Después, despedido "a dedo" por el concursante con ese privilegio al saber que ya era yo perro viejo en estas lides... Patetismo extremo.

"GANARSE LA VIDA"


                                                                                              20 Jun '15


  ¿”Ganarme la vida”, dices? ¿Cómo que “ganarme” la vida..?
 Vamos a ver.
 Vida, mientras no se me demuestre lo contrario, tengo ya una. Y no porque “me la ganara” a pulso –o de cualquier otra manera- algún día concreto. Más bien, fue porque me tocó. Me tocó una vida. Una, específicamente. Una vida determinada, y no otra.
 Tan en concreto una, ésa, esa vida, que no sólamente me tocó. De hecho, se me “obligó” a adoptarla.
 Fue un regalo azaroso, pero un regalo de uso radicalmente obligatorio. Obligatorio, inmediato, e ininterrumpido. Esto último, hasta que llegue un incuestionable momento o punto final, claro está.
 De modo que, así las cosas, me cruje o chirría sobremanera que se me hable o indique acerca de la necesidad de “ganarme” la vida. Como si aún no la tuviera, o me empeñase en exigirla a toda costa.
 No, mira; no estoy muy de acuerdo.
 En todo caso, yo te hablo de otra cosa. Más que dedicarme a “ganarme” la vida que me tocó inopinadamente y por azar, yo creo que me limitaré más bien a hacer uso de ella. A hacer un uso que a mí me merezca la pena. Y a la par que ello, y por supuesto, a interpretarla. Esa pienso es la base de todo. El planteamiento constante sobre de qué me sirve a mí esa vida casual que me tocó sin ser consultado. El qué quiero de ella. Qué quiero hacer con ella, mientras la “lleve puesta”.
 Te lo digo de otra forma. Si cuando se me habla de “ganarme la vida” se pretende aludir exclusivamente a dictámenes de orden crematístico o material supuestamente ineludibles, y tal puesta en escena pudiese devenir directamente, pongamos, en una considerable tasa de insatisfacción, o, quizás, de patente ausencia de sentido …¿cómo podría entonces pensar encima que estoy nada menos que “ganándome” la vida..? ¿De qué me serviría a mí semejante ecuación..?
 Y ya ahondando en la cuestión, ...¿por qué no ha de ser ella quien se me "gane" a mí..? (¿...no fue ella quien unilateralmente me trajo para acá, decíamos?)
 Lo que más, en definitiva, puedo interpretar yo por “ganarme la vida” –la mía…- es lo siguiente: el hacer de ella un ejercicio lo más interesante y rentable para mí mismo a la par que, por supuesto, exento de nocividad para el prójimo. Un ejercicio satisfactorio apoyado en el albedrío, la inteligencia, el análisis y la experiencia creciente.
En suma, un ejercicio de atinada interpretación.
 (Chimpón).


DIGANOSLO USTED, HERNANDEZ...


                                                                                                          11 Jun '15



 ¿Preguntarse, preguntarnos por qué lo hacen..? ¿Se lo preguntó acaso usted, Hernández..? ¿Prefiere, quizá, que se lo preguntemos directamente a usted mismo (..ya que parece intuirse que tiene la respuesta)..?
 Okey, pues entremos al trapo, Hernández. Pregun-témonos, y, de paso, respondamos. Porque a esto último puede entonces que también tengamos derecho, ¿no?
 Pues mire usted, pitaron el himno, en primer lugar, por aborregamiento contagioso, además de alevoso. Había ochenta mil que sabían que casi todos los demás iban a pitar. Vale, pues yo también. ¿Que por qué pitamos? No lo sé bien. España es mala y nosotros no; faltaba más. O eso dicen casi todos estos, por aquí. Será entonces verdad, ¿no? Nosotros somos todos buenos. Ellos, no. Pues hale, pitemos.
 Eso sí, seguramente ni uno solo de todos ellos y ellas, fervientes abucheadores, se pusieron por un solo instante en la poco apacible tesitura de imaginar a unas decenas de miles de energúmenos silbando a coro y a todo volumen, en cualquier lugar del mundo, las notas de Els Segadors o del himno vasco. No, eso no. Para qué se van a poner a imaginarlo.
 El no hagas a otros lo que no te gustaría que te hicieran a ti no debió pasar por sus cabecitas en esos ínclitos momentos.
 Pitaron, Hernández, además, por cobardía extrema: uno solo o una sola de los silbadores, solo él o sola ella en mitad del graderío con todo el resto del aforo vacío, (a excepción de las autoridades deportivas, regionales y estatales en el palco), no habría pitado absolutamente nada. Habría, ése o ésa, mirado al suelo en silencio o, todo lo más, al exterior del recinto por encima del canto superior. A cualquier sitio, en suma, excepto a ese elenco de personas del palco.
 Pitaron también, desde luego, Hernández, en un alarde extremo de pésima educación. Aquí, entenderá que huelguen muchos más comentarios. Si acaso, permítame uno: he conocido en mi vida muchos catalanes y catalanas, y puedo afirmar que la corrección ejemplar de modales que he observado en ellos ha sido una constante abrumadoramente mayoritaria. Con total sinceridad subrayo esto. De ahí que el suceso de marras me cause una extrañeza especial. Acerca de vascos y vascas, por otra parte, no he conocido tantos. Así que con respecto a ellos y ellas, ni puede extrañarme ni dejar de hacerlo. Simplemente los tengo menos catados.
 Por último, Hernández, pitaron, asimismo, rizando el rizo de la paradoja y de la ridiculez. Que nos expliquen al resto -si quieren o son capaces- qué hacen tantos miles de aficionados abucheando los símbolos representativos de un evento, en este caso deportivo, que al parecer desean a toda costa sea conquistado por el respectivo equipo de los amores de cada uno. Y hagamos especial hincapié en la parte de la hinchada que se desplazó más de seiscientos kilómetros para seguir y apoyar a los suyos. Notable inversión económica -entrada, viaje, gastos de estancia..-, posibles días de vacaciones utilizados... todo para disponerse de entrada a despreciar aquello en lo que desean ver salir airosos a los suyos un par de horas después.
 Le juro que me cuesta entenderlo. Me consta que no soy el único. 
 En fin, Hernández, si desea usted añadir algo, será recibido con gusto. En tanto, cuando comience y vaya transcurriendo su aventura en Qatar, si alguna vez observa algo semejante no deje de transmitírnoslo. O, en su caso, de instarnos igualmente a preguntarnos por qué lo hacen...



ESE MAGICO CONTINENTE


                                                                                                               6 Jun '15



 Exorbitado, diferente, brutal; a menudo inconcebible, conceptual y analíticamente inabarcable… Casi todos los calificativos proclives a la exageración caben a la hora de aludir al, también, más mágico de todos los continentes.
 Su nombre, sí, es Africa.
 De entrada, hasta la propia silueta de su hechura le otorga una complexión única, arrogante, maciza y definitiva. Somos muchos ya a quienes nos modifica en el acto muchas constantes vitales la sola visión, sobre un mapa, de la conjunción de esa prominencia ventral al oeste, con ese pico mayormente llamado cuerno en el flanco opuesto, y con esa continuación compacta hacia el sur en apolínea proporción hasta el extremo romo que cede apaciblemente al encuentro de los dos océanos.
 En su interior, la idea del desierto inhóspito y ardiente, de la selva acechante y descomunal, la sabana extasiante y magnífica, las montañas míticas y nebulosas, y esos ríos desbocados y todavía misteriosos que horadan imperialmente el territorio, sugiere el indómito mosaico sin parangón que únicamente puede dejar indiferentes a los más empedernidos pusilánimes.
 Africa es, por excelencia, el reino de lo sensorial. Su luz del mediodía no se concibe en cualquier otro rincón del orbe. Se trata de una luminosidad distinta, absoluta, inolvidable. Si, transcurrida la jornada, uno asiste a una puesta de sol providencial en el Serengeti, en el valle del Luangwa o en el delta del Okawango, irremediablemente se sentirá invitado al umbral de acceso al mismísimo paraíso.
 El olor de la tierra -húmeda o seca-, del aire y de la vegetación se apoderan igualmente de la inocente pituitaria del debutante, así como de la del reincidente insaciable. El aroma de esa naturaleza desbocada y primigenia, provista de los toques de ese trasfondo salvaje que palpita en cada confín, únicamente puede deparar una impronta de exclusiva e imperecedera patente.
 Los sonidos de la naturaleza justifican por sí solos toda incursión en territorio africano. Desde las ráfagas de aire revolviendo briznas de vegetación, al fragor de una tormenta repentina y apocalíptica. Desde la letanía incansable de los insectos rasgando las horas centrales de la jornada, hasta los más evocadores decibelios obra y gracia de águilas pescadoras, pigargos vocingleros, y, desde luego, el ronquido ensordecedor del orondo hipopótamo, la risotada gélidamente siniestra de la hiena y el nocturno e impávido rugido del felino rey. Todo ello completa una gama insuperable que se grabará a fuego en todo aquél que profane tan inaudita y trepidante realidad.
 Hasta el mero contacto en la piel del aire cálido del día o del ya más apacible frescor del crepúsculo pretenden imprimir un sello propio y especial en el profano que se aventura en este continente vasto y diferencial. El abrazo envolvente del astro rey confiere la más taxativa rúbrica en el cuerpo y el alma. Como ningún otro imponderable, somete los biorritmos a su poderío y ejecuta su inapelable dictamen.




 Y sí, sobre este tapiz verde y ocre de descomunal e inveterada belleza, sobre este edén primigenio donde toda expresión de naturaleza magnánima es concebible, aquí, en esta Africa tremenda, distinta e innegociable, es donde se abre también el escenario en el que novecientos millones de almas exigidas hasta la infinitud de unas circunstancias implacables despliegan, día a día, minuto a minuto, siglo a siglo, la resultante de una cotidianidad tan radicalmente desbordante, tan drásticamente apabullante como sólo cabe imaginar en un entorno de tamaña singularidad, de semejante concepción irresoluble. La muerte y la vida, aquí, oscilan al vaivén de una danza inasequible y pérfida que a tumba abierta oculta en la manga los naipes decisivos de una partida cruda y sempiterna, una partida de reglas indescifrables y diabólicas.

 No, amigos. Vivir, sentir, profanar Africa no puede en modo alguno dejar indiferente a ningún ser humano con una mínima conciencia de sí mismo, con un mínimo rastro de sentimiento en sus entrañas.