SESGO PROCEDENTE


                                                                                            21 Abr '15


 Ciertamente, ha de concurrir.
 La concepción original de este compendio conllevaba la supresión de participaciones excesivamente patentes, de revelaciones objetivamente explícitas.
 Obviamente, el respeto a tal premisa viene -más que últimamente- brillando clamorosamente por su ausencia.
 “…Ahora”, podrán apuntar acusatoriamente. “Después de haber largado tan copiosamente por esa bocaza de buzón, soltando ahí a borbotones todo el arsenal precedente”. Es comprensible tal reprensión. A la par que no rebatible con sencillez.
 Pero no ha existido premeditación. Que lo crea quien pueda, quien no le importe o quien lo desee. Simple-mente, la espontaneidad y el apego al oficio se hicieron resueltamente con las riendas. Tan palmaria como sencilla conclusión.
 En adelante, cabrá más juicio y, en su caso, posibles nuevas enmiendas, si fueren menester. De momento, la esclavitud a las palabras propias habrá necesariamente de desarrollar su rol.

 Y que me pasen ustedes buena jornada.


MARAVILLOSO BRASIL


                                                                                     15 Abr '15


  Curso intensivo oficial de Español como Lengua Extranjera, en International House, y título correspon-diente. Y hala, pa Brasil con ello bajo el brazo, aprovechando la simbiosis circunstancial de solicitud de profesores nativos de la cervantina lengua en el gigante sudamericano, con el (mi) anhelo irrefrenable desde hacía ya un tiempo de profanar tan carismático país.
 Principios de 2.002.
 Diez jornadas inaugurales por el vecino, apacible, llano y verdoso Uruguay. Algunas visitas y tiempo también para recabar determinados "informes", por parte de parroquianos autóctonos, acerca de la más que presumible peligrosidad del día a día brasileño, una vez cruce para allá en breves días. "Tenga mucho cuidado; roban a muchos extranjeros; no se resista si le asaltan; hace una semana en una playa mataron a un turista alemán...".
 Reconozco que ciertos ramalazos de desasosiego sí lograron infiltrarse en mi organismo serrano a base de tanto escuchar tan alarmantes e iteradas advertencias.
 Por fin, cruce fronterizo terrestre en Chuí, curiosa ciudad situada mitad en un país, mitad en el otro. Quizá a modo de funesto presagio, pensé, una tromba de agua descomunal, repentina y apocalíptica, que por momentos sumió el mediodía casi en tinieblas, me recibió a la hora de realizar los trámites aduaneros de ingreso en territorio brasileño.
 Pero no, no. Aquello fue magnífico, tú. Menudo hallazgo, señores, desde ese día y para las siguientes ocho semanas. Menudo crisol inabarcable y multirracial de gentes risueñas, amables, encantadoras. Menudo tapiz tropical sin parangón en que verter peripecias variopintas sin previo diseño. Menudos precios casi irrisorios para tanta calidad, para tanta fuente de alegría y vitalismo cotidianos, incondicionales.
 Hablar, "falar" allí con 'todo cristo' era sencillo, constan-te, magnífico. Había recibido cuatro (...cuatro, sí) contadas clases de portugués en Madrid, un mes antes del viaje, con una profesora nativa. Algo de vocabulario y gramática; los principales verbos irregulares y las conjugaciones normales. Era fácil, muy análogo al castellano. Me ayudé in situ de un diccionario bilingüe, pero la verdadera escuela fue estar allí, fundirme día tras día en el vaivén irresistible de aquel ambiente especial, único.
 No llegué a impartir clases de español. Llevaba el título y conocimientos adquiridos en el curso como as en la manga en caso de que la estancia allí se fuese prolongando. Inicialmente no partí con una intención predeterminada de cara a regresar a España en un plazo concreto de tiempo; las circunstancias mandarían. Tampoco iba con necesidad económica de comenzar a obtener ingresos de forma apremiante.
 Lo que sí hice fue contactar con academias de idiomas con intención de obtener informes que transmitir a compañeros del curso que también enfocaban su punto de mira e intenciones en Brasil, para algún tiempo posterior.
 Así que fui recorriendo la costa, de sur a norte, poco a poco. Rio Grande do Sul, Espiritu Santo, Rio de Janeiro, Bahía... Una incursión en el Pantanal de Mato Grosso me permitió inmersiones en aguas infestadas de caimanes ("jacarés" o "yacarés", llamados allí), aunque fueron los insaciables mosquitos quienes me desalojaron de allí una jornada antes de las previstas.
 El estado de Bahía era la magia pura, la alegría incondi-cional de vivir, el colorido vital, ambiental y racial allá por donde transitara. Salvador y su incomparable Pelourinho; Porto Seguro, Itacaré... Aquellas jornadas de frondoso verdor, playas de infarto y noches de reggae y caipirinhas supusieron uno de los regalos más preciados que el 'oficio viajero' me ha prodigado hasta hoy. No el único, desde luego (...ya hablaremos largo y tendido de Africa).
 No pretendía adentrarme en Sâo Paulo, a causa de tratarse de la mega-urbe de la que peores referencias estaba recabando en cuestión de inseguridad para el viajero. Pero tras cuarenta días en el país con el pulso ya más que tomado del mismo, tiré para allá. Me habían hablado del Instituto Butantân, un centro de producción de sueros antiofídicos e investigación herpetológica en la capital paulista, y de inmediato me dije "..yo tiro para allá a ver eso, macho". Hasta les dejé un curriculum 'farmata', por si los dípteros, y recuerdo que tenían una pitón de la India que es el ofidio grande más inquieto que he llegado a observar en cautividad.
 Acabé llegando hasta el nordeste, a Natal y Olinda, en Rio Grande do Norte. Comenzaron por allí las lluvias tropicales, la estación húmeda, y opté por empezar a poner fin a un viaje inolvidable para los restos. Quise igualmente reservarme algún posible renovado caudal de sensaciones para más adelante; probablemente en algunos meses concluiría en regresar, quizá ya con más sólidas intenciones de volcarme en la enseñanza de nuestro idioma. No me extrañaba tal hipótesis; calculaba que una morriña insoportable bien podría aferrarse sin complacencias a mis entrañas no mucho después de abandonar tan deslumbrante enclave.

 Y el caso es que regresé, sí..., aunque nada menos que nueve años más tarde. Entonces, en esa segunda entrega ya sí observé que ciertas cosas habían ido cambiando.
 No sé, imagino que algo al respecto volcaré más adelante por estas páginas... 


LA NOTICIA DE NUESTRAS VIDAS

                   
                                                                                                       8 Abr '15



 Absolutamente todos, como pocas veces, recordamos perfectamente en aquella ocasión dónde estábamos, o con quién o quiénes, o qué demonios hacíamos en el momento mismo en que nos enteramos.
 En mi caso, debí de haber almorzado relativamente temprano, en esa jornada de estío ya bastante avanzado. De hecho, retozaba en un sofá sumido en un irresistible duermevela, con el televisor sin apagar, aunque a volumen deliberadamente bajito. La sintonía del comienzo del informativo de las tres penetraba por uno de mis oídos, mientras que el otro parecía dispuesto a decidir si prestaría un posible ápice de atención al encabezado de las noticias principales del día, o si mejor me dejaría llevar sin más dilación por los melindrosos cantos de sirena del señor Morfeo.
 Abrí al menos un ojo cuando la engolada voz de Matías Prats cobró énfasis para anunciar que, según teletipo de ultimísima hora, la parte superior de una de las Torres Gemelas del centro de Manhattan estaba siendo objeto de un llamativo y reciente incendio. En breve, el locutor subrayó que, al parecer, una avioneta se había accidentado mediante colisión de una de sus alas contra el cuadrangular edificio. “¡Coño!”, pensé, mientras el sueño porfiaba por ingeniárselas para retenerme en los lindes de su embaucador territorio.
 Cuando, escasamente un par de minutos después, la voz de Matías se transmutaba directamente ya en una resonancia angustiosa y descontrolada para participar, a cuantos le estuviésemos escuchando, que otro avión acababa de incrustarse de lleno en la segunda de las torres del World Trade Center, -lo cual cobraba absoluta veracidad con las flagrantes imágenes difundidas en directo-, las posibilidades de abandonarme a los llamados inasequibles de la siesta se esfumaron radical y definitivamente.
 Me puse en pie de un brinco, debí poner unos ojos como platos de loza esmaltada, y noté cómo en un segundo se erizaban al unísono todos los vellos de mi organismo serrano. Desde los de la cabeza hasta los de las zonas pudendas.
 Y (…aún faltaba más), cuando escasos minutos más tarde se nos informaba también de que un tercer avión debía haber impactado en plenas instalaciones del Pentágono en Washington, yo ya no sabía en qué ignotas coordenadas acababa de situarse el orden ya de por sí imprevisible de nuestro espídico mundo.
 Me llevé las manos a la cabeza; recuerdo que fue todo lo que atiné a hacer imbuido en semejante zozobra, mientras, suponiendo que al igual que tantísimos otros congéneres conocedores de la situación, barrunté que el planeta acababa de firmar el finiquito anunciador de una dimensión inescrutable, desconocida, insondable y apocalíptica.
 Salí a la calle; debía acudir a mi empleo veraniego cumpliendo el habitual trayecto de tres kilómetros, como acostumbraba, a lomos de bicicleta. Miraba a la gente que transitaba tranquilamente por las callejuelas a esas apacibles horas de septiembre. “Muchos aún no lo saben”, pensé. Locales y turistas entremezclados; estábamos en Sant Pere Pescador, localidad gerundense del golfo de Rosas, en plena Costa Brava. Sentía la tentación de gritar a todo el mundo “¡¿..Se han enterado ya de lo que acaba de pasar; se han enterado ustedes..?!!”
 Fui consciente del tremendo vértigo resultante de que, a mis casi treinta y tres castañas, era la primera vez en que la desproporcionada magnitud de una noticia recién acaecida dividía en esos momentos a mis congéneres en dos descomunales grupos: los que ya la conocíamos, y los que iban a hacerlo indefectiblemente en las próximas horas o minutos. Y pensé en cómo reaccionarían todos sus cuerpos, sus rostros, sus emociones, en cuanto los del segundo grupo pasasen paulatinamente a incorporarse al nuestro.

 A la mañana siguiente, el mundo era otro, desde luego. Compré un diario de tirada nacional, y la portada era una de ésas que uno no olvida jamás en toda su vida. Sobre la imagen terrible de las Torres Gemelas en llamas y a punto de comenzar a colapsarse, el enorme titular de gruesos caracteres a toda plana rezaba simplemente: “El mundo en vilo ante la respuesta de Bush”.