INFORTUNIO EN LAS AFORTUNADAS


                                                                                                24 Feb '15

 El llamado paso del ecuador. Contingente universitario que toma hotel y jornadas de marzo en el bullicioso norte de una isla en eterna primavera.
 Fueron cuatro, ellos.
 Uno, un pobrecito idiota sin cocinar; huérfano de todo fuste y razón.
 Otro, un afectado sibilino templando la completa gama de claves de la estupidez.
 El tercero, un cateto irredento; insolente y maleducado rufián del paleolítico.
 El cuarto, directamente, fue un simple hijo de la gran puta.
 Y ella (nada que ver con semejante percal) apareció prácticamente por entonces. Mostró ligeras credenciales y plantó sutilmente la semilla para un proceso subsiguiente tan dilatado como, a la postre, descorazonador.
 En este caso, y tras aquellos diez días como diez navajazos, ya no cabe otro análisis, juicio y resolución que convenir que su no comparecencia -la de tales jornadas, con aquel cariz- hubiese indudablemente deparado unos más apacibles, venturosos, felices y necesarios derrotero, providencia y acontecer.