22 Abr '16
Hace escasas jornadas, con motivo del terremoto que ha asolado varias regiones geográficas de Ecuador, y, a la par, ocasionado centenares de víctimas humanas, pudimos ver en una de las transmisiones televisivas de los informativos al presidente de la nación latinoamericana, Rafael Correa, dirigiéndose a su pueblo, horas después de la tragedia, más o menos en estos términos: "...con la fe y la unión de todos sacaremos esto adelante, patria querida...".
"Patria querida"... Me quedé con este retal de frase, de modo tan consciente como subliminal. Es evidente que se trataba de una situación de máxima emotividad, tras semejante desgracia, pero aún así no logré evitar una extrapolación a nuestra realidad españolita.
Si aquí un político se dirige a la nación utilizando esa frase, "patria querida", en cualquier circunstancia imaginable (tanto de catástrofe, como en Ecuador, como de fervor positivo), creo que le hubiera caído, automática y llanamente, "la del pulpo".
Si aquí cualquier persona utiliza tal expresión en un contexto o momento equis, el que fuere, faltarían décimas de segundo para que le lloviese escabrosamente la tunda de epítetos imaginables por todos: "¡facha!", "¡fascista"!, "¡nazi!", y de ahí, seguramente, y de modo consecuente, a "¡degenerao!", y quien sabe si hasta "¡psicópata!", o algo afín...
"Facha"... Curiosa palabrita ésta, usada muy alegremente por muchos sin, cual es frecuente por estos pagos carpetovetónicos, reparar mínimamente en su enjundia o significado.
"Facha" es una especie de diminutivo del término "fascista". "Fascista" procede de 'fascismo', que es el nombre bajo el que se conoció a la doctrina y movimiento impulsado por Benito Mussolini en la Italia de entreguerras. Es decir, la reivindicación y puesta en escena de un proyecto corporativista estatal, mediante un totalitarismo en aras de un nacionalismo a ultranza por encima de toda propuesta sociopolítica de índole particular, incluso por encima de una necesaria ubicación extremista tanto de derecha como de izquierda política.
Todos sabemos que los dos regímenes europeos más afines al fascismo italiano de la época fueron el del nacional-socialismo de Adolf Hitler en Alemania (conocido históricamente como 'nazismo'), y posteriormente la dictadura de Franco en España, una vez consumada la victoria de sus huestes en la Guerra Civil (1.936-39).
En lo que aquí nos concierne, el manido término "facha", con el transcurrir de las décadas, ha quedado básicamente limitado en nuestro país para la designación despectiva de todo aquél a quien se atribuya nostalgia del régimen franquista, incluso ya varias décadas después de su extinción. Por otra parte, se suele aducir igualmente para referirse a quienes hacen gala de una "españolía" acusada, orgullosa o empedernida. Con lo laxo de los márgenes en tesituras de tal índole, no faltan quienes no les tiembla el pulso a la hora de destinar la palabrita de marras a cuantos manifiesten sin ambages su aceptación, conformidad o satisfacción de su condición de españoles. Estirando aún más la cuerda, se observa frecuentemente que "fachas", para muchos, son también incluso los votantes o simpatizantes del actual Partido Popular.
Los que practicamos desde hace tiempo la muy sana y reconfortante costumbre de viajar por el mundo, solemos encontrar plausible, enternecedor, comprensible y casi siempre lógico el hecho de hallar ciudadanos y ciudadanas, allá en el país en que nos encontremos en cada caso, encantados de cantar las bonanzas, menos o más objetivas según los casos, de sus respectivas naciones. Y también, por qué no, de observarles luciendo en sus indumentarias, en cualquier ocasión propicia, los colores representativos de las mismas, en cada caso: o una banderita, o una prenda con los colores nacionales, una gorra, un cinturón, un bolso... Ya digo, nos parece simpático y completamente admisible, en especial si nos hallamos en un país alejado del continente europeo.
Aquí, en casa, en cambio... todo ello sería prácticamente un escándalo. Imaginen a un fulano silbando por la calle las notas del himno nacional. Imaginen a un Fernández cualquiera portando por ahí una mochila, una riñonera, una bufanda con los colores de nuestra bandera... "¡...Facha!". "¡Nazi..!". "¡Degenerao..!". "¿De qué va este abrazafarolas..?"
Aquí, parece ser que únicamente un nostálgico de los años del franquismo tendría derecho a expresar o sentir apego, amor o complacencia por su patria. De otro modo, parece que costaría un esfuerzo titánico el comprenderlo.
A mí, que ni siento orgullo ni pesadumbre derivados del hecho de ser español (soy bien consciente de que no es más que una eventualidad involuntaria, pues bien podría haberme tocado ser armenio, paraguayo, neozelandés o keniata, por no hablar de que podría haber sido igualmente una jirafa, un guacamayo, un arenque o una paloma torcaz..), a mí, decía, lo que me da con frecuencia pena y hasta lástima es la constatación de pertenecer, según creo, al colectivo nacional más desunido que existe en la actualidad en este mundo. No logro concebir o atisbar argumentos de algún otro caso semejante.
Me parece impresionante, casi en primer lugar, lo que se desprende de nuestra flagrante realidad política, tan, por cierto, hecha jirones en estos días: lo que para unos, reflejado en un determinado partido, es la panacea o respuesta incuestionable a que toda persona digna debiera apegarse de forma irreductible, para otros no es más que demoníaca depravación. PP o Podemos, Ciudadanos o PSOE; si cualquiera de éstos, para unos, representa la cara más indudablemente resplandeciente, para otros se trata de la más abyecta cruz. ¿Será, entonces, posible que lleguemos a ser tan diferentes unos de otros, carajo..?
En cierta ocasión, con motivo de una comida de compañeros -españoles todos- de un, por entonces, reciente viaje aventurero por tierras africanas, escuché a una comensal comentar a su inmediata adosada en la mesa que "no se relacionaba" con votantes o seguidores del partido normalmente considerado opuesto al que se granjeaba sus simpatías. No pude evitar pensar "¿..qué hará entonces, tratar de indagar continuamente qué inclinaciones políticas presentará cada persona que vaya ingresando por sus coordenadas personales, para decidir de inmediato si podrá abrirle o, en su caso, cerrarle para siempre las puertas de su vida..?". ¿Cabría, en tal orden de cosas, concebir el escenario en que, si tenemos a un señor A y un señor B, de quienes sólo se nos diga que uno "es del" PSOE y el otro "del" PP, se pudiera afirmar rotundamente que lo más seguro es que uno de ambos sea mucho mejor o mucho peor persona que el otro..? En mi humilde caso, creo que llegaría a sentirme plenamente ridículo sólo de plantearme algo semejante...
Hasta con el fútbol, señores: en vez de sentirnos orgullosos de tener en España a los dos mejores y más reconocidos clubs del planeta, sucede que ello es más inevitable motivo de enconados y recalcitrantes odios, intolerancias, desprecios y ridículos enfrentamientos. No hay, a todos estos respectos, más que leer los "sutiles" comentarios de los interminables videos alusivos a tales disciplinas -política y balompié- que comparecen en plataformas tan conocidas como youtube...
Admiro, especialmente, casos como el alemán, el brasileño, el mexicano o el estadounidense. Repúblicas federales o, ciertamente, "estados unidos", es decir, agrupación de unidades que gozan de considerables grados de autonomía administrativa y política, pero cuyos respectivos habitantes van a una a la hora de sentirse un todo bajo una idiosincrasia nacional acordada e innegociable.
Y nosotros, en tanto, a lo nuestro de siempre, aquí: a llamarnos "fachas", "rojo de mierda", "puto merengue" o "púdrete, culé". Como decía el resignado y cariacontecido narigón y gafotas de las viñetas de Forges,... "...país".
En tanto, y eso ante todas las cosas, desear a los hermanos ecuatorianos que los cálidos deseos manifestados por su presidente se vean reflejados pronto de manera feliz, en estos días inciertos tras la dolorosa y siempre injusta desgracia acaecida.
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