Sí, el proyecto es la clave, aquí.
El hallazgo del mismo, sus idóneos enfoque y visualización. Y, por ende, su implantación, la zambullida pronta e impetuosa en él.
El proyecto acertado es el TRABAJO aquí, la gran y auténtica tarea, la bendición por encima de casi cualquier otra posible. No hay mayor privilegiado en esta vida que aquél que, sin ser aún lo demasiado tarde, topa de bruces con esa realidad ocupacional que ha de constituirse en su ilusión, su cometido incuestionable, su real campo de batalla en este tapiz mundanal al que, uno tras otro, somos inopinada y taxativamente impelidos a comparecer, debatirnos y progresar cual más atinadamente seamos capaces.
En tanto no sea así, opino que el verdadero "trabajo" (ese ambiguo concepto) no es otro que precisamente porfiar en la pesquisa y búsqueda de ese anhelado proyecto o razón vital.
Sin proyecto naturalmente admisible -razonable, consistente, clarificador-, el sentido individual como parte integrante de este desmadre existencial se desvanece inexorablemente, como los granos de arena se escabullen por los huecos entre los dedos. Refiriéndome en este punto, claro está, a todo aquél o aquélla dotado de unos mínimos de contenido, espíritu e integridad. Que, lamentablemente y de paso sea dicho, témome no se me antoja la opción mayoritaria...