Y bien, pues estaba yo hace escasas jornadas,
ahí sobre las dos de la mañana en el sofá, en pleno acto de vigilia nocturna en
mi primera noche libre tras otras siete de turno laboral. Es decir, con los
ojos como huevos, pues el reclamo de Morfeo no repara en mí hasta mucho más
tarde, tras la inercia de las jornadas precedentes, en que no adopto la
onírica horizontal hasta pasadas las nueve de la mañana, hora a la que salgo de
mi tareíta cotidiana y enchufo raudo para casa.
Me estaba leyendo a Marc Lévy, “Los límites de
nuestro infinito” (magnífica entrega, por cierto, como no es extraño en este genial
autor), ahí repantingao, piernas reposadas sobre un brazo del sofá y cabeza en
el otro, cuando tras bastantes páginas hice una tregua para ver un rato la
tele.
A esas horas extemporáneas, ...pues qué sé yo,
algo de información en canales de 24 horas, zapeo por si pillo una peli
atractiva, quizá algún documental interesante, y esas cosas del estilo. Sin
mucho éxito en la pesquisa, decido tirar para La 2, que suele participar
contenidos de calidad. Y en ese momento comenzaban los “Conciertos de Radio 3”,
espacio en donde algún artista o grupo ofrece repertorio en directo, aunque
grabado previamente, ante las cámaras.
Aparece un ramillete de muchachos y muchachas
jóvenes, unos cinco en total, quienes, antes de dirigirse hacia sus
instrumentos y punto de actuación, se presentan simpáticamente y en escasos
segundos en primer plano ante una de las cámaras: “Hola, somos Belize y vamos a
interpretar los temas de nuestro reciente primer disco. ¡Esperamos os gusten!”.
No tenía, yo, ni idea de quiénes eran. Pero
fuere la simpatía que desprendieron en esa breve presentación, fuere que no
tenía ganas de seguir zapeando, o fuere también que debí considerar una
grosería de ámbito privado el no tener a bien concederles el crédito de al menos escuchar
su primera canción o parte de la misma, ya que de forma casual había topado con
el inicio de su ‘performance’, el caso fue que me dije “eah, pues va, un
poquejo de música sin pretensiones, a ver quiénes son estos mozos. Y si no
enganchan, pues retomamos la lectura otra vez, tú..”.
Joé que si engancharon. Pocas veces anteriores
recordaba un caso similar acerca de arrebato tan progresivo como indiscutible
por parte de intérprete/s musical/es que no conociese yo de nada. Encantadores,
encandiladores, subyugantes, diferentes… aquella cuadrilla me deparó un regalo
de cuarenta minutos tan estupendo como inesperado.
Cuerda eléctrica ligera, percusión contenida y
cuerda alterna de arco y pizzicato de acordes protagonistas, como envoltorio
fascinante del aporte vocal doble, femenino y masculino, dando él en castellano
la réplica a las estrofas en inglés de la chica, provista ésta de tremenda
angelical voz. Así en casi todas las canciones. Curioso y logradísimo, lo de
esta apuesta bilingüe.
Y el resultado, una atmósfera acústica,
ligeramente electrónica, envolvente, relajantemente chill out, distinta…, en la gestación de melodías fascinantes y deliciosamente
sencillas… Aparte, destilaban un candor, un encanto casi irresistible, entre la
expresión simpática de la cantante y la indudable emanación de buena gente que
desprendían todos los componentes del grupo. La otra chica, la de la viola,
parecía directamente un querubín recién aterrizado del cielo.
Total, que servidor, a quien musicalmente pocas
veces le verás vibrar más allá del rock and roll poderoso de los Straits, los
Ramones, los ‘eisidisi’, los Barricada, Siniestro, Ilegales y compañía, quedó
ahí absorto y embobado ante esos benditos seres melodiosos como quien acaba de
topar con una de las sorpresas de su vida.
Ni qué decir, achuché raudo a Interné a ver
qué se contaba ahí de los chicos de Belize. Eran –son- de Pamplona. Algunos
proceden de conservatorio. Rondan los veinticinco tacos per cápita, incluso
tirando al alza. El chico y la chica de las voces son hermanos. Hace pocos meses sacaron ese su primer disco. Se los rifan
para hacer bolos por media o casi toda España.
Y, claro, al acudir a don youtube a topar
de nuevo con sus creaciones, repasé embelesado sus videos y fui testigo del
raudal de parabienes que en los comentarios les dedican todos aquellos que, en
muchos casos también casualmente, dieron de bruces con su música y cayeron en
el acto prendados bajo su influjo demoledor.
Sí, voy a dejar aquí alguno de tales videos, y
no me enrollo más. Espero, quienes no les conozcáis todavía, paséis a engrosar
las filas de sus incondicionales, entre quienes me cuento yo ya al menos hasta
nuevo aviso. Que dudo tenga lugar a plazo razonablemente cuantificable…
¿..Son o no son buenos, estos chavales..?