MINIMALISTA ( II )

                                                             20 Abr '17


        ADIOS A PLAZOS

Deja unos puntos suspensivos, tras el saludo con la mano a Elisa desde la ventana del tren, al partir. Ambos lo advierten de manera patente; ambos leen en el rostro del otro, sin ambages, las esquirlas de desazón que de inmediato se hincarán en sus respectivas entrañas.
 No saben si volverán a verse; desconocen si su clandestino amor a borbotones ha consumido ya los postreros rescoldos. Apuestan a que el fin, esta vez, se erigirá en amo y señor de sus almas. Reviven una vez más, en el andén de Chamartín, la misma escena de cada día veintiuno de los últimos dieciséis años.

        SILENCIO IRREDENTO

 El otro, hombre o mujer, siempre muerto de espanto, observará petrificado tras el alféizar de la ventana. Le intuiremos, ahí, desgarrado en su propia taquicardia, diluyéndose cada segundo en su gélida transpiración. Mas no descubrirá que sabemos que presencia la escena. Sin sospecharlo, será el engranaje perfecto de este brutal disparate. El testigo ideal que nunca logrará que le crean una sola palabra de cuan sus desbocadas pupilas están registrando en esta noche de infierno.


          ANTES DEL HIPODROMO

 El armario donde acababa de encerrar a su muñeca emitió un chirrido tenebroso, justo después de que Tomás hubiera dado media vuelta para marcharse. Atónito, empalideciendo por momentos, se giró de nuevo, lentamente, y observó el temblor de su mano mientras se aproximaba hacia la llave, otra vez.
 Al abrir la puerta, lentamente, notó el sudor frío que asaltaba sus sienes, mientras, despacio, la luz de la estancia comenzaba a iluminar tenuemente el interior del armario. Los vívidos ojos de la muñeca, clavados impertérritos sobre los suyos, anticiparon el leve balbuceo de sus labios, que, en voz queda, susurraban: "Esta vez no apuestes por Timothy en la quinta carrera...".

               CABAL PREMONICION


 En el lugar más recóndito de la isla depositaré el desdén atesorado -en contra, tras todo este tiempo-, la correspondiente frustración devengada, y hasta los paños calientes oportunos con que transmutar este sol sempiterno y esta arena blanquísima, embriagadora, en una mesa de escritorio de oficina gris con aire acondicionado, y en los reproches atosigantes de una esposa pragmática e inquisidora.
 "Nunca sabrás lo que quieres, hijo", habían proclamado un buen día el sabio y mi mamá...

           
                   SIEMPRE JUGARÁS CONMIGO

 Cerró los ojos y sopló las velas del pequeño galeón de madera, apoyando las desgastadas coderas de su jersey en el poyete del estanque público. Mientras el barquito, fruto del cariño y paciencia y las manos sabias del abuelo Rafael, comenzaba a desplazarse, ufano y triunfal, al vaivén del leve oleaje, el pequeño Albertito soñó despierto que, cuando abriese los ojos diez segundos más tarde, el rostro sonriente y bondadoso del querido yayo habría descendido del cielo para hinchar sus carrillos, desde el lado de allá del estanque, e impulsar de vuelta hacia él el maravilloso juguete...


             CÁBALA IMPROBABLE

  Se asomó sola por la escotilla para ver amanecer. Todavía hoy, diecisiete años y mil desventuras después, no logra explicarse cómo se las apañó aquella gaviota de torpe vuelo para, con tan apenas perceptible aleteo, sugerir al lucero del alba que impidiese a toda costa la salida del sol por Antequera.

            FRANCA PARADOJA

 Sólo le quedaba un cigarrillo arrugado en el bolsillo de la ensangrentada camisa, una tarjeta de crédito inservible en el lateral del pantalón, y una punzada brutal de resquemor atornillándole el alma.
 Trémulo, se dirigió a la cabina telefónica de la Plaza de San Antón, resuelto a confesar a la cúpula de accionistas de la multinacional dónde escondía los nueve millones de euros del desfalco.
 Al levantar el auricular se percató de que no tenía ni una sola moneda encima.



MANIQUÍES FRÍGIDOS

                                                                                                   7 Abr '17



 Las pulsiones exhalan al mundo su impronta, su hálito incontinente.
 El mundo absorbe, incorpora, procesa, genera; sólo en ocasiones, expresa.
 La expresión del mundo es un crisol despiadado, omnímodo.
 El mundo juega su mano de dados al auspicio de su poltrona rozagante. Nada le conmueve.
 La corriente de todo lo eterno fluye indómita. Sólo los maniquíes gélidos rinden su torva, indolente faz.

                                                              (A   A. P.)