Pueden saber lo que hacen.
Pueden haberlo comenzado como un juego –si bien
el juego irrumpió potente…- y puede habérseles escapado después de las manos. Y
tras ello, quién sabe –quizás ellos…- pueden no haber sabido cómo ni por dónde
tirar…
Pueden saber lo que hacen; de hecho, llega un
punto en que semeja inverosímil una opción, un escenario opuesto a ése. Deben,
desde tal óptica, por tanto, saber lo que hacen. Incluso, saberlo muy bien.
Pueden, una vez en ésas, plantearlo,
proyectarlo desde el regocijo, desde el burdo desdén. Desde la inercia simple de
una insolente cobardía.
Pero pueden, igualmente, mantener un receloso
ojo avizor. Pueden no tenerlas todas consigo. Puede temblarles el pulso al
calibrar hipótesis, desarrollos o presuntas certezas. Pueden sentir que el
asunto no discurre efectivamente por los cauces rastreros que pudieren haber
previsto, que pudieren zafiamente haber diseñado.
Puede faltarles por momentos una apacible brisa
de aire para respirar. Pudieren no ser siquiera capaces de mirarse a los ojos,
los unos a los otros, en los momentos actuales. Incluso desde hace ya algún
tiempo…
Puede, ciertamente, que no sepan cómo, por
qué, por dónde carajo tirar ahora. Puede que les esté reconco-miendo el
desasosiego.
Pero, aún con todo, podría estar todo desde el
principio bajo control, bajo los lemas consignados. Podría ser cuestión de
seguir apretando los dientes, aguantando tirones, atestiguando tamañas insólitas
veleidades.
Podría ser cualquier recontracarajuda cosa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario