MARAVILLOSO BRASIL


                                                                                     15 Abr '15


  Curso intensivo oficial de Español como Lengua Extranjera, en International House, y título correspon-diente. Y hala, pa Brasil con ello bajo el brazo, aprovechando la simbiosis circunstancial de solicitud de profesores nativos de la cervantina lengua en el gigante sudamericano, con el (mi) anhelo irrefrenable desde hacía ya un tiempo de profanar tan carismático país.
 Principios de 2.002.
 Diez jornadas inaugurales por el vecino, apacible, llano y verdoso Uruguay. Algunas visitas y tiempo también para recabar determinados "informes", por parte de parroquianos autóctonos, acerca de la más que presumible peligrosidad del día a día brasileño, una vez cruce para allá en breves días. "Tenga mucho cuidado; roban a muchos extranjeros; no se resista si le asaltan; hace una semana en una playa mataron a un turista alemán...".
 Reconozco que ciertos ramalazos de desasosiego sí lograron infiltrarse en mi organismo serrano a base de tanto escuchar tan alarmantes e iteradas advertencias.
 Por fin, cruce fronterizo terrestre en Chuí, curiosa ciudad situada mitad en un país, mitad en el otro. Quizá a modo de funesto presagio, pensé, una tromba de agua descomunal, repentina y apocalíptica, que por momentos sumió el mediodía casi en tinieblas, me recibió a la hora de realizar los trámites aduaneros de ingreso en territorio brasileño.
 Pero no, no. Aquello fue magnífico, tú. Menudo hallazgo, señores, desde ese día y para las siguientes ocho semanas. Menudo crisol inabarcable y multirracial de gentes risueñas, amables, encantadoras. Menudo tapiz tropical sin parangón en que verter peripecias variopintas sin previo diseño. Menudos precios casi irrisorios para tanta calidad, para tanta fuente de alegría y vitalismo cotidianos, incondicionales.
 Hablar, "falar" allí con 'todo cristo' era sencillo, constan-te, magnífico. Había recibido cuatro (...cuatro, sí) contadas clases de portugués en Madrid, un mes antes del viaje, con una profesora nativa. Algo de vocabulario y gramática; los principales verbos irregulares y las conjugaciones normales. Era fácil, muy análogo al castellano. Me ayudé in situ de un diccionario bilingüe, pero la verdadera escuela fue estar allí, fundirme día tras día en el vaivén irresistible de aquel ambiente especial, único.
 No llegué a impartir clases de español. Llevaba el título y conocimientos adquiridos en el curso como as en la manga en caso de que la estancia allí se fuese prolongando. Inicialmente no partí con una intención predeterminada de cara a regresar a España en un plazo concreto de tiempo; las circunstancias mandarían. Tampoco iba con necesidad económica de comenzar a obtener ingresos de forma apremiante.
 Lo que sí hice fue contactar con academias de idiomas con intención de obtener informes que transmitir a compañeros del curso que también enfocaban su punto de mira e intenciones en Brasil, para algún tiempo posterior.
 Así que fui recorriendo la costa, de sur a norte, poco a poco. Rio Grande do Sul, Espiritu Santo, Rio de Janeiro, Bahía... Una incursión en el Pantanal de Mato Grosso me permitió inmersiones en aguas infestadas de caimanes ("jacarés" o "yacarés", llamados allí), aunque fueron los insaciables mosquitos quienes me desalojaron de allí una jornada antes de las previstas.
 El estado de Bahía era la magia pura, la alegría incondi-cional de vivir, el colorido vital, ambiental y racial allá por donde transitara. Salvador y su incomparable Pelourinho; Porto Seguro, Itacaré... Aquellas jornadas de frondoso verdor, playas de infarto y noches de reggae y caipirinhas supusieron uno de los regalos más preciados que el 'oficio viajero' me ha prodigado hasta hoy. No el único, desde luego (...ya hablaremos largo y tendido de Africa).
 No pretendía adentrarme en Sâo Paulo, a causa de tratarse de la mega-urbe de la que peores referencias estaba recabando en cuestión de inseguridad para el viajero. Pero tras cuarenta días en el país con el pulso ya más que tomado del mismo, tiré para allá. Me habían hablado del Instituto Butantân, un centro de producción de sueros antiofídicos e investigación herpetológica en la capital paulista, y de inmediato me dije "..yo tiro para allá a ver eso, macho". Hasta les dejé un curriculum 'farmata', por si los dípteros, y recuerdo que tenían una pitón de la India que es el ofidio grande más inquieto que he llegado a observar en cautividad.
 Acabé llegando hasta el nordeste, a Natal y Olinda, en Rio Grande do Norte. Comenzaron por allí las lluvias tropicales, la estación húmeda, y opté por empezar a poner fin a un viaje inolvidable para los restos. Quise igualmente reservarme algún posible renovado caudal de sensaciones para más adelante; probablemente en algunos meses concluiría en regresar, quizá ya con más sólidas intenciones de volcarme en la enseñanza de nuestro idioma. No me extrañaba tal hipótesis; calculaba que una morriña insoportable bien podría aferrarse sin complacencias a mis entrañas no mucho después de abandonar tan deslumbrante enclave.

 Y el caso es que regresé, sí..., aunque nada menos que nueve años más tarde. Entonces, en esa segunda entrega ya sí observé que ciertas cosas habían ido cambiando.
 No sé, imagino que algo al respecto volcaré más adelante por estas páginas... 


No hay comentarios: