15 Feb '15
Condicionado albedrío de acordes en
configuración de los primeros compases. Las pautas de la biología y naturaleza,
así como la protección y guía progenitoras dirigen aquéllos en supuesta
conveniencia.
Transcurren los primeros años; llega a escena
el aún virginal uso de razón.
La sencillez y naturalidad pretenden gobernar
las riendas. Paulatinamente, empero, comparecen ciertos rastros en la nieve.
Sutiles indicaciones, hitos en el sendero que sugieren guiños de peculiaridad.
La mirada cándida, el análisis aún somero del imberbe sobre la circundante realidad atisba, en situaciones recurrentemente puntuales, notas y apuntes de arduo, complejo procesamiento infantil.
La mirada cándida, el análisis aún somero del imberbe sobre la circundante realidad atisba, en situaciones recurrentemente puntuales, notas y apuntes de arduo, complejo procesamiento infantil.
Frente al decoro, la prudencia, la discreción y la limpidez anímica que le dotan de serie, el todavía casi debutante va acusando
recibo de los usos, modos y rúbricas, ciertamente dispares, quedamente
incisivos o agrestes, que en derredor acuñan congéneres de incluso similar
experiencia en el aún breve periplo escénico.
Es momento para preliminares consideraciones
de revelación automática. Son destellos, aún endebles, todavía fugaces, para inevitable alegoría de un delfín confuso en la hierba, entre el ovino rebaño. De una
estrella sideral braceando en el mar, entre peces y espuma. Del vidente en el
reino de los que olfatean.
De la tesela anaranjada en el vórtice de un ingente y proceloso mosaico púrpura…
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