28 Feb '15
Les conquistó el agua pura del prepirineo, la inminente materia prima que a toda costa requerían.
Llegaron de Italia, y levantaron su fábrica en
pocos años. Sueros de hospital para pacientes renales, para vehiculización medicamentosa y alimentación por
vía parenteral.
Comenzaron con arrogancia. Seleccionaron
personal, mayoritariamente del local entorno geográfico, y pretendieron
gestionarlo poco menos que a golpe de fusta y toque generala de corneta. Pronto hubo ruido de sables, tensiones patentes, caldo de escaramuzas.
Por mi parte, nunca lo vi. La cruzada se empeñó en colocar en mis manos los naipes del
desasosiego. Naipes perdedores para envites de insolencia en una baraja
marcada.
Y era la prisión. Era ver por esas ventanas
los cerros cercanos, el azul del cielo o la nieve de febrero. Era preguntarme,
con desmesurada frecuencia, qué hacía ahí tantas horas, tantos días, como
pájaro en jaula de barrotes lustrosos. Era preguntarme por qué esa tarea
prometía ser lo contrario de cuanto yo debiera acometer. Era sopesar y sentir
clavarse a cada instante en mi seno las esquirlas punzantes de la
insatisfacción.
Un director orondo, de la tierra ufana de
calçots y barretinas, infundía desconfianza y recelo en su poltrona arrogante
mal revestida de afectada, improbable campechanía.
Una andaluza morena de técnica titulación e irresistible acento ponía
a voz en grito mis hormonas desde el reducto más apacible del control de
calidad. Otra integrante, más humilde y más trigueña, desde su línea de
producción me aproximó efluvios cálidos, clandestinos a pocos meses de su
finalmente aplazado enlace marital. Y una licenciada química amable, poderosa, dotada de
un femenino arrasador, me cedió incondicional sus encantos tiempo después, cuando
la jaula se abrió y el pájaro errante había comenzado a vislumbrar atisbos de abigarrado
y excitante mundo externo por profanar.
Duró poco, así, tan inclemente desventura
laboral. Año y medio y con cuitas finales a resolver en un juzgado de lo
social. Justicia ramplona; soberbia preservada desde las bendiciones del poder.
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